Parroquia Santa Catalina

Aranda de Duero

Diócesis de Burgos

SEMANA SANTA 2022  Y  PASCUA DE RESURRECCIÓN

 Monumento al Santísimo que pusimos en la capilla donde estuvimos la hora Santa el día jueves Santo por la noche y el viernes Santo la adoración en silencio acompañando a Jesús en esas horas tan críticas antes de morir en la cruz.

Día de la Vigilia Pascual y el altar mayor en la iglesia. El tiempo de Pascua donde lo que más destaca es el agua bendecida en un cubo donde la gente se lo puede llevar a casa porque está bendecida, el cirio pascual que representa a Cristo resucitado  y el velo de la cruz del retablo donde tapa la cruz y aparece el símbolo de Cristo vivo.

PASCUA 2022

 

 

“NO ESTÀ AQUÍ, PUES HA RESUCITADO” (Mt 28,6)

 

 

¡Jesús vive! ¡Él es la resurrección! “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque este muerto, vivirá” (Jn 11,25).

 

Convencidos de su presencia, no temeremos ninguna dificultad ni obstáculo alguno. Su palabra nos iluminará, su cuerpo y su sangre, serán nuestro alimento y apoyo en el camino cotidiano hacia la eternidad.

 

San Juan Pablo II nos dice: “María nos guía en el conocimiento de los misterios del Señor. Con ella comprendemos el sentido de la cruz, con ella vivimos el significado de la resurrección, con ella saboreamos la alegría de esta maravillosa experiencia.

 

San Juan XXlll nos dice: Nuestra Pascua es para todos, un morir al pecado, a las pasiones, al odio, a las enemistades, es morir a todo desequilibrio, amargura o tormento en el orden espiritual y material. La resurrección de Cristo no es solo su triunfo personal, sino también el principio de nuestra salvación y por tanto de nuestra resurrección

 

Santo Tomás de Aquino nos recuerda que Cristo probó su resurrección de tres maneras: Por la vista: “Ved mis manos y mis pies” Por el tacto: palpad y ved. Y por el gusto: ¿Tenéis algo que comer? Y le dieron un trozo de pez asado.

(Lc 24,36-43);

 

Así nos lo recuerda San Agustín (Carta 55,2). Con la Pascua, no solo recordamos la muerte y resurrección del Señor, sino que también nosotros pasamos de la muerte a la vida…la Iglesia, Cuerpo de Cristo, nos espera para participar definitivamente en la victoria sobre la muerte, triunfo manifestado ya en la resurrección corporal de nuestro Señor Jesucristo.

 

San Juan Pablo II, nos recuerda las palabras del Resucitado: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

 

¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!

 

 

 

 

 

 

 

“SI NO LO VEO… NO LO CREO” (Jn 20,19-31)

 

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!

 

 

Y, como Santo Tomás, nos gustaría meter nuestras manos en su costado. Hurgar en los orificios que dejaron los clavos para, a continuación, salir corriendo y llevar la buena noticia de que Jesús no sólo murió sino que, además, sigue tan vivo como el primer día.

 

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!

 

La mayor prueba de su triunfo sobre la muerte nos la dan aquellos que tuvieron la suerte de encararse frente a frente con aquel misterio que ha dado un resplandor y un esplendor nuevo y alegre a nuestro futuro: aquellas mujeres que se acercaron temerosas al sepulcro.

 

El mayor respaldo a nuestra fe viene de aquellos hombres que, sin dudar un solo instante, lo dejaron todo para dispararse por los cuatro puntos cardinales pregonando aquella buena noticia: ¡ES VERDAD… HA RESUCITADO!

 

 

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!

 

Y, muchos de nosotros, somos fotocopia idéntica a aquel Tomás que, no solamente no creía que Jesús había salido triunfante del sepulcro, sino que además no se fiaba ni un pelo de la palabra de sus amigos: “hemos visto al Señor”.

 

Ese Tomás se prolonga en nuestro tiempo y en el entorno que nos toca vivir y luchar en aquellos/as que vivieron una experiencia religiosa pero que la dejaron que ahogarse por el pragmatismo reinante y por pedir demasiadas razones al corazón.

 

Ese Tomás sigue exigiendo pruebas con tantos de nuestros hermanos que piden conversión a la Iglesia, pruebas de su fidelidad al Evangelio pero… que son incapaces de mirar por encima de sus debilidades la grandeza que ella encierra, actualiza y conserva: ¡CRISTO MUERTO Y RESUCITADO!

 

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!

 

Y muchos de nosotros, en medio de las sacudidas a las que estamos sometidos, seguimos creyendo en ÉL, como valor supremo de nuestra vida cristiana y como cumbre de todo lo que realizamos y celebramos en su nombre.

 

¡HA RESUCITADO EL SEÑOR!

 

Y, como aquellos hombres y mujeres de entonces, seguimos siendo (con virtudes y defectos) los eternos entusiastas de la muerte y de la vida del Resucitado.

 

 

 

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