Parroquia Santa Catalina

Aranda de Duero

Diócesis de Burgos

ADVIENTO

ADVIENTO

 

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor Jesús con actitud de conversión en: Fe, amor, paz con esperanza.

LECCIÓN DE LAS CUATRO VELAS

Las cuatro velas se quemaban lentamente. En el ambiente había tal silencio que se podía oír el diálogo que mantenían.

La primera dijo:

 -¡Yo soy la PAZ! Pero las personas no consiguen mantenerme. Creo que me voy a apagar.

Y disminuyendo su fuego se apagó rápidamente.

Dijo la segunda:

-¡Yo soy la FE! Lamentablemente a los hombres les parezco superflua. Las personas no quieren saber de mí. No tiene sentido permanecer encendida.

Cuando terminó de hablar una brisa pasó suavemente sobre ella y se apagó.

Rápida y triste la tercera vela se manifestó:

-¡Yo soy el AMOR! No tengo fuerzas para permanecer encendida. Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman. Y, sin esperar más, se apagó.

De repente…entró un niño y vio las tres velas apagadas.

-Pero ¿qué es esto? Deberíais estar encendidas, ¿Cómo voy a vivir sin paz, sin fe y sin amor?

Con los ojos brillantes, agarró la vela que todavía ardía… Y encendió las demás.

Entonces la cuarta vela habló:

-No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas. -Yo soy la ESPERANZA.

¿ME PERMITES UNA PREGUNTA?

¿Somos nosotros motivos de esperanza para los que nos rodean?

DESPLEGEMOS LAS VELAS DE LA ESPERANZA, DISPONGÁMONOS A CAMBIAR EL CORAZÓN

...Y PREPARÉMONOS.

¡¡ESPERAMOS EL REGALO DE TU VENIDA SEÑOR!!

TIEMPO DE ADVIENTO:

El adviento que Dios quiere no es solo una forma de prepararnos, es una actitud profunda, no es un tiempo cronológico, es un tiempo espiritual que nos debe de servir para ser conscientes del inmenso amor que Dios nos tiene.

Dios quiere que abramos las velas de nuestro corazón, que pongamos el motor en marcha, que salgamos de nosotros mismos y nos arriesguemos a buscar al hermano.

Es tiempo de espera, de cambios, de vencer nuestros apegos y comodidades, de retirar todo lo que nos impide crecer.

Tiempo de superar todos nuestros miedos que nos paralizan, tiempo de sacudir nuestras rutinas.

TIEMPO DE CONFIAR.

• EL ADVIENTO ES UN TIEMPO DE BUSQUEDA Y DE DESEO DE UNA VIDA QUE NO TENGO Y QUE NO ALCANZO. (Jn 3, 1-21).

 

• ES UN TIEMPO DE ENCUENTRO Y DE AMOR, DE COMUNIÓN INTEGRAL. (Hch 2, 42-47).

 

• ES UN TIEMPO DE GRATUIDAD, DE RECONOCER LA GRACIA DE DIOS. EL NOS HA REGALADO MUCHÍSIMO. (Ef 2, 4-10).

 

• ES UN TIEMPO DE SORPRESA. (Lc 1, 26-38).

 

• ES UN TIEMPO DE PLENITUD, DE ESPERANZA PARA DAR ESPERANZA (Lc1, 26-38).

 Vamos………

ADVIENTO

 

Estamos ya habituados al término “adviento.” Sabemos lo que significa y precisamente por estar tan acostumbrados a oírlo, quizás no nos detenemos a reflexionar la riqueza que encierra dicho contexto.

Adviento quiere decir venida.

Los creyentes nos preparamos para la venida del Señor y para avivar la espera, encendemos las cuatro velas del adviento, una por cada semana de espera.

 

Las hermanas Dominicas de Lerma en su Reto diario, nos regalan una preciosa reflexión, sobre cómo poner las velas en nuestra corona de adviento.

Ellas nos dicen: El adviento empieza con tu debilidad en una corona imperfecta, hecha con el frágil cartón de tu vida diaria. Puede que mirar la Navidad con tu realidad, te de vértigo o te haga girar la cabeza en otra dirección.

Si los días de enfermedad parecen no acabar, la situación en casa con tu familia, la soledad…hacen que todo lo veas fuera de lo perfecto, y que te sientas inservible para lo que se avecina… ¡ESPERA!

Cristo nace para ti, coge tu corona de adviento y haz un hueco en su interior para que Jesús pueda abrazarte, sostenerte, después busca algo para decorarla. Ese papel roto por tus miedos, incertidumbre, cansancio… todo eso que tienes en tu corazón servirá para decorar, y como adornos valen esos que dicen: “Te necesito”, “Sólo no puedo” “Ayúdame”… ¡y tu corona quedará hecha! Y arderá en tu corazón el deseo de que llegue Navidad y vivirás la espera con auténtica ilusión. Esta dulce espera se llama “ADVIENTO”.

 

LAS ACTITUDES FUNDAMENTALES DEL ADVIENTO

 

Actitud de espera. El mundo necesita de Dios. La humanidad está desencantada y desamparada. Las aspiraciones modernas de paz y de dicha, de unidad, de comunidad, son terreno preparado para la buena nueva. El adviento nos ayuda a comprender mejor el corazón del hombre y su tendencia insaciable de felicidad.

 

El retorno a Dios. La experiencia de frustración, de ambigüedad, de cautividad, de pérdida de la libertad exterior e interior de los hombres de hoy, puede suscitar la sed de Dios, y la necesidad de «subir a Jerusalén» como lugar de la morada de Dios. La infidelidad a Dios destruye al pueblo. Su fidelidad hace su verdadera historia e identidad. El adviento nos ayuda a conocer mejor a Dios y su amor al mundo. Nos da conocimiento interno de Cristo, que siendo rico por nosotros se hace pobre.

 

La conversión. Con Cristo, el reino está cerca dentro de nosotros. La voz del Bautista es el clamor del adviento: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios» (Is 40,3-5). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia de la salvación, a entender el amor como salida de nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren.

 

Jesús es el Mesías. Será el liberador del hombre entero. Luchará contra todo el mal y lo vencerá no por la violencia, sino por el camino de una victimación de amor. La salvación pasa por el encuentro personal con Cristo.

 

Gozo y alegría. El reino de Cristo no es sólo algo social y externo, sino interior y profundo. La venida del Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente. El adviento nos enseña a conocer que Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.

 

 

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