Parroquia Santa Catalina

Aranda de Duero

Diócesis de Burgos

HISTORIA

LA PARROQUIA DE SANTA CATALINA

 

1) LA ERMITA Y COFRADÍA DE SANTA CATALINA

El paraje donde se ubica actualmente el barrio de Santa Catalina fue conocido desde tiempo inmemorial con el nombre de esta santa. Es probable que la primitiva ermita de Santa Catalina fuera erigida bajo la influencia del Obispo Acosta (1483-1563). Este obispo de origen portugués tenía tal devoción a Santa Catalina de Alejandría que en su escudo episcopal figuraba la rueda donde había sido martirizada junto con las cinco costillas de su apellido. Este obispo promovió gran número de construcciones en nuestra ciudad por lo que su escudo está presente en algunos de los principales monumentos de Aranda. Lo vemos en el púlpito de la iglesia de Santa María, en el interior y exterior del ábside de la ermita de la Virgen de las Viñas, en el de la iglesia  de San Nicolás de Bari en Sinovas, en el patio del Hospital sobre la fuente de Santo Domingo y en los restos del convento del Sancti Spiritus, conservados en el paseo de la Virgen de las Viñas. El Obispo Acosta alegaba estar emparentado con Santa Catalina, pese a los más de mil años transcurridos. En la “Leyenda Dorada” de Jacobo de la Vorágine (1228-1298) se dice que Santa Catalina era hija del rey Costa, uno de los argumentos que le servían al Obispo Acosta para reivindicar tan noble pero lejano parentesco. Este mismo obispo erigió en El Burgo de Osma la Universidad de Santa Catalina. En pleno corazón del barrio de Santa Catalina existe una plaza dedicada al Obispo Acosta.

Para atender la ermita de Santa Catalina existía una cofradía de la que nos ha llegado el testimonio de sus ordenanzas. Según este texto, el 16 de abril de 1673 se reunieron en cabildo todos los cofrades de Santa Catalina. Lo hacen en la ermita que, según las ordenanzas, está extramuros de la villa de Aranda, en lo que ahora es el barrio de Santa Catalina. La reunión del cabildo se hace, tal como es costumbre, tras el preceptivo tañido de campana. El cabildo va a elevar al obispo de Osma, diócesis a la que pertenecía entonces Aranda, una petición para poder contar con nuevas ordenanzas ya que “las reglas y Ordenanzas de la dicha cofradía son muy antiguas y están rotas y maltratadas y que no se pueden usar de ellas”. Este testimonio nos da una pista de que la cofradía ya llevaba muchos años funcionando. Las nuevas ordenanzas están compuestas por diez disposiciones y tratan sobre el régimen interno y fines fundacionales de la cofradía.

Al contrario que en otras cofradías, podían pertenecer tanto hombres como mujeres. En la disposición sexta se dice: “Ordenamos y mandamos que todos los cofrades, así hermanos como hermanas estén obligados a pagar medio real en sabiendo que muerto algún cofrade o cofrada para que de la limosna que así se llegare se digan las misas hasta que alcanzare la limosna que así se llegare”. No obstante, tanto en los asistentes de este cabildo de 1673 como en las disposiciones sobre el funcionamiento de la cofradía, no se deduce que participaran las mujeres en los órganos de gobierno. Anualmente se debían de reunir para elegir quién iba a regir la cofradía, así se dispone: “Para el cumplimiento y buen gobierno de esta Santa Hermandad, juntos todos los cofrades en su cabildo, el día que al dicho cabildo le pareciere, según y cómo hasta aquí lo ha hecho, elegirán estos oficiales un Alcalde, un Escribano, un Veedor y cuatro seises”. Mientras que el veedor se encargaba del control material de los bienes adscritos a la cofradía, a los cuatro seises se les encomendaba funciones relacionadas con el culto a Santa Catalina.

El cabildo reunido en 1673 es consciente de que el culto a Santa Catalina se ha relajado y por eso manifiesta: “Viendo los hermanos cofrades de esta cofradía cuan mal asisten en las vísperas y misa de la Gloriosa Santa Catalina, y sin licencia del Señor Alcalde, ordenamos y mandamos que el que no fuere a vísperas pague de pena medio real, y a la misa y sermón otro medio, y que tal cofrade sea obligado a dar cuenta, cómo no pudo acudir, al Alcalde o Escribano.”

Otro de los excesos que han detectado en los últimos años es el destino de ciertos bienes de la cofradía para realizar la comida del día de la fiesta. Así se dispone que a partir de ese momento se vuelva a pagar a “escote, como ha sido uso y costumbre”. Se habla que los nuevos cofrades pagarán el primer año a “medio escote”. Durante los días previos a la fiesta se pedía limosna para Santa Catalina. Las ordenanzas disponen: “Ordenamos y mandamos que por cuanto es muy útil y provechoso, como ha sido de costumbre, que los oficiales pidan limosna que tiene obligación de pedir desde el día de San Martín (11 de noviembre) hasta el día de Santa Catalina (25 de noviembre), estando asistentes en la dicha ermita cada día desde que sale el sol hasta que se pone”. Entre las funciones de la cofradía también existían unas obligaciones de ayuda mutua, tanto en los funerales como durante la enfermedad de un cofrade. De esta manera se dispone que “Si algún hermano estuviere malo en la cama de enfermedad, que Dios nuestro Señor fuere servirlo de darle, y necesitase de veladores, el Alcalde o el Escribano, nombrarán los hermanos que asistiesen, y siendo así avisados y no cumpliendo con dicho mandato, el Alcalde les pueda castigar con una libra de cera, y si fuere rebelde y no quisiere pagar la dicha condenación, dicho alcalde le pueda castigar en lo que quisiere”.

La portada de las ordenanzas de 1673 cuenta con un dibujo, firmado por un tal Gaona, en el que se representa la rueda lacerada de Santa Catalina, donde fue sometida a tormento, tres palmas del martirio, haciendo alusión a que los tres tormentos a los que fue sometida (el de la rueda, el del hambre y el de la espada). Precisamente el instrumento con el que fue decapitada también aparece dibujado junto a las palmas del martirio. Debajo de la rueda aparece escrito “Alabado sea el Santísimo Sacramento y María Santísima concebida sin pecado original”. Esta manifestación es muy típica de la religiosidad castellana de la época: defensa a ultranza de la Eucaristía y del dogma de la Inmaculada Concepción.

De esta antigua ermita de Santa Catalina no nos queda nada, ni siquiera el testimonio de dónde estaba ubicada exactamente, aunque se cree que debía estar al final de Carrequemada. Las Eras que se encontraban por esta zona se conocían como las Eras de Santa Catalina. A raíz de un temporal que dañó gravemente la techumbre de la iglesia de Santa María, se tuvo que retejar la iglesia en 1653. En los libros parroquiales de Santa María hay constancia de la celebración de varios matrimonios en la ermita de Santa Catalina. Y es que durante el siglo XVII la ermita de Santa Catalina tuvo un carácter cuasiparroquial, estando vinculada a la parroquia de Santa María, y en ella se celebraban bautizos, matrimonios, se oficiaba regularmente la misa para los vecinos que vivían diseminados por la zona y era lugar habitual de enterramientos para los vecinos de la zona. Durante la gran epidemia de 1804-1805 la ermita fue uno de los principales lugares de enterramiento en Aranda, incluso de personas ajenas a esta zona. A partir del 18 de octubre de 1804 se empezaron a realizar enterramientos de manera sistemática en la ermita de Santa Catalina.

Cuando en 1966 el arzobispado de Burgos decide erigir canónicamente una nueva parroquia para atender el nuevo barrio, el primer párroco, don Felipe Ontoso, propone con buen criterio que la parroquia se acoja al patrocinio de de Santa Catalina. Así, pese a que era una parroquia de nueva creación, se daba continuidad a una tradición centenaria de fe y devoción.

 

2) LAS REPRESENTACIONES DE SANTA CATALINA EN ARANDA

Varios siglos antes de crearse la parroquia de Santa Catalina ya existía una gran devoción hacia esta santa, aparte de la existencia de una cofradía y ermita. Buena prueba de ello son las obras de arte que han llegado a nuestros días. La iconografía de la santa está relacionada con su vida y martirio. En algunos casos aparecerá con un libro entre las manos, con la rueda dentada con la que fue torturada, con la corona que nos habla de su estirpe real, con la espada con la que fue decapitada o con la palma del martirio.

La santa vivió en el siglo IV en la ciudad egipcia de Alejandría que era el centro cultural más importante del ya decadente Imperio Romano. Cuentan que Catalina era una joven hermosa y muy instruida perteneciente a una importante familia. Algunas fuentes hablan incluso de su condición real por lo que en ciertas representaciones artísticas aparecerá coronada. En Alejandría estaban surgiendo comunidades cristianas y otros cultos al margen la religión oficial. Por este motivo el emperador Magencio (también llamado Maximiano) publicó un edicto en el que obligaba a sacrificar a los ídolos y renunciar públicamente a la fe no oficial. La joven Catalina se presenta ante el emperador para protestar y éste se siente humillado porque alguien discute sus disposiciones con argumentos sólidos y además es mujer. Viendo que es incapaz de contradecir su sabiduría convoca a 50 sabios. La joven Catalina vence la disputa filosófica y la mayoría de los sabios se convierten al cristianismo. El emperador ordena ejecutarlos y someter a tormento a Catalina. Es azotada, encarcelada y privada de alimentos. Como ve que sigue firme en su fe es sometida a tortura por medio de unas ruedas con navajas metálicas y agudos clavos. Unos ángeles aparecen y destruyen la rueda. Ésta es la razón por la que el símbolo de Santa Catalina es la rueda y que en algunas representaciones artísticas ésta aparece rota. Finalmente el emperador decide decapitar a la santa. Según la leyenda los ángeles trasladaron su cuerpo a la cima del Monte Sinaí. Santa Catalina era patrona en la Edad Media de las chicas jóvenes (cuando murió martirizada tenía 18 años) y de los filósofos, ya que supo vencer con argumentos filosóficos a los que se oponían a su fe. Por el atributo de la rueda también es patrona de los molineros, de los carreteros y de las hilanderas. Esto nos puede dar una explicación adicional sobre la devoción a Santa Catalina en la capital de la Ribera ya que existían muchos molinos y, al ser cruce de caminos, había mucho tránsito de carros.

En el interior de la iglesia de San Juan Bautista, actual Museo Sacro, se encuentra el retablo plateresco de las Calderonas, que data del primer tercio del siglo XVI. Entre las distintas representaciones de santos nos llama la atención que existen dos imágenes de Santa Catalina, una en pintura y otra en escultura. En el centro del retablo nos encontramos con una una escultura de Santa Catalina de alabastro policromado. Aquí aparece coronada, con la rueda completa y con el busto del emperador a sus pies. A su derecha nos encontramos con una pintura en la que vuelve a aparecer Santa Catalina: con corona, con la rueda dentada y con la espada con la que fue decapitada. No es muy común representar dos veces a una misma santa en un retablo de estas características. Dado que la escultura puede ser un añadido posterior… ¿por qué no pensar que esta escultura procede de la antigua ermita de Santa Catalina? ¿por qué no pudo ser trasladada esta escultura a la parroquia de San Juan cuando se empezó a arruinar la ermita de Santa Catalina?

En la fachada de Santa María también nos encontramos con una imagen de Santa Catalina. Esta espectacular fachada fue realizada en los años de transición entre los siglos XV y XVI. Santa Catalina aparece en el tímpano de la fachada, vistiendo túnica. Le faltan las dos manos, donde nos encontraríamos alguno de los atributos que la identifican. A sus pies aparece representado el emperador Magencio, su cabeza está coronada, al igual que la de la santa. La imagen aparece situada en el intradós de los arcos de acceso a la iglesia, en concreto a la derecha del parteluz. Se ubica junto con otras santas mujeres, todas ellas mártires de los primeros tiempos del cristianismo, y que son Santa Águeda, Santa Bárbara y Santa Margarita de Antioquía. Figuran otras dos santas mujeres pero, al estar las esculturas gravemente mutiladas no se aprecian los atributos propios de su iconografía y es imposible su identificación. La presencia de todas estas mártires que, según la tradición, murieron jóvenes y vírgenes, ha hecho pensar que su representación junto a la Anunciación nos indica que se quiere poner de relieve la Inmaculada concepción de la Virgen María. En la Castilla de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna el debate entre inmaculistas y maculistas estuvo muy vivo por lo que las representaciones artísticas no permanecían ajenas a la polémica.

En la iglesia del barrio arandino de Sinovas, en San Nicolás de Bari, también existió un retablo que de manera muy temprana defendía el dogma de la Inmaculada Concepción. El retablo de Santa Ana es un magnífico ejemplo de arte hispanoflamenco y data del año 1503. Junto con las representaciones del relato de la concepción inmaculada de la Virgen María, aparecen en la predela cuatro santos. Santa Catalina es una de las representadas. En esta bella pintura, auténtico prodigio de detallismo en la representación de las telas y en el paisaje del fondo, vemos a Santa Catalina entre los sabios de Alejandría cuando va a ser sometida a la tortura de la rueda dentada. Dos ángeles entran en escena, uno de ellos con una espada, y destruyen la rueda del tormento. En el halo de santidad podemos leer en latín “Sancte Caterina”. Desgraciadamente, este retablo no se conserva en la iglesia de Sinovas, ya que en 1913 se vendió en circunstancias no del todo claras y, tras pasar por París, llegó a Argentina. Actualmente se expone en el Museo Larreta de Buenos Aires, siendo una de sus piezas estrella al ser el retablo más antiguo de los que se conservan en Argentina.

Lo que sí que se sigue conservando en la iglesia de Sinovas es la representación más antigua de la que disponemos en Aranda de Santa Catalina. Se trata de un detalle que hay en el artesonado mudéjar de esta iglesia, monumento nacional desde 1964. El artesonado fue realizado en el primer tercio del siglo XV por artistas mudéjares. Santa Catalina aparece coronada, con un manto encarnado y sometiendo con la espada al Emperador Magencio. Esta espada es el símbolo de su martirio pero con ello se quiere simbolizar que finalmente la Fe vence al error. En su mano derecha aparece la rueda dentada.

En la actual parroquia de San Juan de la Vera Cruz nos encontramos con otra representación de Santa Catalina de Alejandría. Procede del desaparecido convento dominico del Sancti Spiritus, fundado por el obispo Acosta. En el altar mayor hubo unespectacular retablo, atribuido a Juan de Juni, que fue desmontado tras los avatares sufridos por este convento a lo largo del siglo XIX, como fue el incendio de 1813 al final de la invasión napoleónica o la posterior Desamortización. Esta escultura renacentista data de los años centrales del siglo XVI. Santa Catalina aparece vestida con una túnica y cubierta con una capa, su cabeza está coronada, en su mano derecha un libro, en su mano izquierda ha desaparecido el atributo pero podría ser la palma del martirio. A sus pies aparece la cabeza del emperador Magencio. La talla policromada es de excelente calidad y el cuidado tratamiento de los paños, así como el estudio anatómico, son señales inconfundibles del escultor francés. De este mismo retablo se conserva en la iglesia de San Juan de la Vera Cruz una pintura en la que aparece Santa Catalina en el momento en que va a ser decapitada. Frente a ella el tribunal que le ha juzgado y coronando la escena un ángel alado que se dispone a entregar a la santa la palma del martirio.

Todos estos testimonios artísticos son fiel testimonio de la arraigada devoción a Santa Catalina, muchos años antes de que se erigiera nuestra parroquia. En el altar de nuestra actual parroquia también contamos con una imagen de Santa Catalina de grandes dimensiones. La imagen es de madera y fue encargada y costeada por la familia Navarro. Santa Catalina lleva en su mano derecha un fragmento de la rueda dentada, en su mano izquierda la palma del martirio. Como pedestal le sirve una especie de nube que nos recuerda que la santa ya disfruta, junto con el resto de santos, del Cielo prometido por Cristo a sus más fieles. En la fachada principal de la parroquia, junto con una cruz de grandes dimensiones se instaló una gran rueda metálica, como símbolo de la santa titular del nuevo templo.

 

3) LOS PRIMEROS PASOS DE UN BARRIO

Hasta los años centrales del siglo XX, donde ahora se asienta el barrio, era una zona llena de huertas, tierras de labor y alguna casa aislada. Dada la necesidad que tenía Aranda de nuevas viviendas en los años posteriores a la Guerra Civil, el ayuntamiento empezó a estudiar posibles soluciones así como las posibilidades de expansión de la ciudad. Al amparo de la nueva política de viviendas protegidas se promueven distintas cooperativas de viviendas e iniciativas de construcción de barriadas de casas de las que, en la terminología de la época, se denominaban “baratas” y “ultrabaratas”. En la década de los 50 la población de Aranda se incrementó en más de 3.000 habitantes en lo que porcentualmente era un aumento del 30%. Este espectacular crecimiento implicaba que se debían tomar soluciones para cubrir la gran demanda de vivienda. En 1952 se constituye la cooperativa “José María Redondo” que conformaría una pequeña barriada de casas de planta baja, todas pintadas de blanco, y situadas entre la calle que tomaría el nombre de la cooperativa, y que ahora se denomina Núñez de Balboa, y las actuales calles Mirabuenos, Hontanar y el principio de la calle Fernán González. En 1956 se inauguran otras 200 viviendas de las denominadas baratas en el barrio de Santa Catalina y que han sido construidas por la Obra Sindical del Hogar.

Incluso en 1958 el ayuntamiento de Aranda constituirá una empresa mixta de construcción de viviendas denominada “Constructora benéfica Nuestra Señora de las Viñas”. En 1960 se inaugura el Colegio Virgen de las Viñas, una institución educativa dependiente del ayuntamiento, que trataba de solventar la demanda educativa del naciente barrio de Santa Catalina, habitado principalmente por familias jóvenes. Junto a este colegio se inauguraba el Grupo de viviendas “Virgen de las Viñas”. Dos años después se construían ocho edificios en un punto más alejado, los que se han conocido popularmente como “los bloques”. Entre ambos conjuntos se fueron realizando durante los años 60 y 70 múltiples iniciativas de construcción de viviendas en régimen de cooperativa: San Pedro Regalado, Sagrada Familia, San Juan Bosco, las Casas de los labradores… Son los años de los planes de desarrollo y en los que Aranda toma un nuevo rumbo industrial. Serán los años de la implantación de la Michelin y de la llegada de muchos trabajadores de otros municipios para cubrir la gran demanda de puestos de trabajo. Hasta el comienzo de la urbanización del Polígono Residencial el barrio de Santa Catalina era casi el único ensanche de Aranda.

 

4) EL NACIMIENTO DE UNA PARROQUIA

Uno de los bloques que se construyó en régimen de cooperativa tenía 48 viviendas y se encontraba en el Camino de los Romerales, lo que ahora es la calle Pedro Sanz Abad, entre la avenida de Burgos y la calle Santa Margarita. La cooperativa había sido promovida por la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), de la que era consiliario uno de los coadjutores de Santa María, don Felipe Ontoso. En 1965 decide, tras consultarlo con el resto de sacerdotes de la parroquia, trasladarse a este bloque de viviendas para insertarse de lleno en la realidad de este barrio de nueva creación. El barrio pertenecía canónicamente a la parroquia de Santa María pero estaba claro que la lejanía de la iglesia y ser un barrio tan distinto al casco histórico, hacían necesario abordar la situación de una forma distinta. Al año de instalarse, don Felipe ya había visitado a todas las familias en sus domicilios y había organizado grupos de catequesis en el Colegio Virgen de las Viñas, en pleno corazón del barrio, ya que había visto que tener que acercarse hasta Santa María generaba que muchos niños faltaran. Diariamente celebra misa en el locutorio de las Madres Bernardas, para conseguir que la presencia de la Eucaristía en el barrio comience a ser una realidad y se vaya construyendo barrio y comunidad.

Recordaba don Felipe que en septiembre de 1966, cuando estaba trabajando en su domicilio, recibió una visita sorpresa. Era el Vicario general de la Diócesis, Buenaventura Díez, acompañado por el párroco de Santo Domingo, Cayo Moreno. Le anuncian que se va a crear una nueva parroquia y que va a ser nombrado párroco. El vicario le pregunta sobre el nombre que debe tener la nueva parroquia a lo que don Felipe recordaba que “Sin vacilar un instante, le contesté que tenía que ser Santa Catalina de Alejandría, ya que en esta zona había existido una ermita con el nombre de esta santa y ella había dado el nombre al barrio”.

Y es que a partir de este momento, el barrio y la parroquia se identifican como dos realidades que caminan unidas, en muchos momentos se identifican de tal manera que llegan a confundirse: tienen el mismo nombre, los mismos límites territoriales, la parroquia servirá para dar cauce a reivindicaciones que van más allá de lo que es la labor meramente pastoral, la parroquia será el principalmente elemento aglutinador del barrio.

El Decreto de creación de la parroquia fue el 8 de octubre de 1966. El hecho de que ya existiera jurídicamente una parroquia no significa que ya hubiese templo parroquial. El arzobispo encomienda al nuevo párroco la compra del solar sobre el que se construirá la iglesia. La finca costó 473.475 pesetas y tenía una superficie de 3.156 metros cuadrados. Se adquirió a Doroteo San Juan y a los hermanos Alejandro y Alfredo Martínez. La Archidiócesis de Burgos aportó 233.000 pesetas; la parroquia de Santa María de la que se segregaba la nueva parroquia aportó 100.000 pesetas; la empresa INAVICO puso 100.000 pesetas; y diversas donaciones de personas del barrio ascendieron a 40.475 pesetas.

 

5) ¿CÓMO ERA EL BARRIO EN 1966?

Antes de que se aprobara canónicamente la nueva parroquia, don Felipe realizaba un pormenorizado estudio de la realidad social, económica y dotacional del barrio de Santa Catalina. Este estudio tenía por objeto ser elevado al Arzobispo de Burgos para que lo tuviera en cuenta de cara a plantear la pastoral de esta amplia zona de ensanche de Aranda. Al ser un documento de carácter interino tiene un gran valor ya que refleja fielmente la realidad del barrio. La decisión final, tras este informe, tal como hemos visto, será la creación de una nueva parroquia. En el detallado análisis se señala que existen en el barrio un total 1.110 viviendas, distribuidas en 349 portales (en éstos se incluyen las entradas a viviendas unifamiliares). En este listado se incluyen como datos complementarios: título del bloque, constructor y fechas de comienzo de obra y entrega de las viviendas. Señala que han sido construidas desde 1950 y que “la mayoría de las familias son de los pueblos vecinos o de otras zonas distintas de España, también hay un alto porcentaje de matrimonio jóvenes naturales de Aranda”. Respecto a las viviendas señala algunas de sus carencias. Destacan las de cuatro bloques que “son auténticamente inmorales. Constan de dos habitaciones muy pequeñas donde solo puede instalarse una cama, que si es grande no puede cerrarse la ventana, ni ponerse mesilla”. Describiendo el barrio dice que “Es zona totalmente residencial y obrera. Gran parte de la zona está sin alumbrado eléctrico. Sólo hay pavimentación en dos calles, hay mucho barro, charcos…” En cuanto a la oferta comercial indica que hay tres carnicerías, dos pescaderías, cinco tiendas de ultramarinos, una barbería, dos peluquerías de señoras y un estanco. Sobre los lugares de ocio señala que “No hay lugares de distracción. Sólo hay tres tabernas. Si tuviéramos aquí un cine o un lugar donde jugar… ¡Qué bien! ¡No tendríamos que ir tan lejos!”. También se lamenta que, pese a que haya tanta población, ningún médico tenga consulta en el barrio. No obstante señala que se acaba de abrir una farmacia y un practicante ha puesto consulta en el barrio, donde también vive. El ambulatorio dista dos kilómetros y medio del barrio.

También incluye un apartado sobre la situación cultural, religiosa y moral del barrio. En el plano educativo se dice que hay un Distrito Escolar con 520 alumnos distribuidos en 14 clases y que son muchos los niños de 5 años que no pueden asistir debido a que se deberían crear otras dos clases para párvulos. Dado el elevado número de niños, al ser un barrio con muchos matrimonios jóvenes, son insuficientes las plazas escolares y algunos niños acuden al colegio del Primer Distrito, a la Vera Cruz, al Corazón de María, a las Dominicas y a la Escuela Parroquial de Santa María. Desde ese conocimiento directo de la realidad del barrio señala que “los padres jóvenes (más las madres) tiene muchas ganas de saber educar a sus hijos. Tengo experiencias con los padres de los alumnos del Distrito Escolar francamente positivas”. También se centra mucho en la situación de los jóvenes del barrio: “No hay nada montado para ellos en esta zona. Por supuesto que aunque hubiera diversiones en la zona les atraería más el centro. Juventud mayor hay poca, de 14 a 18 muchos”. Respecto a la necesidad de una atención específica para los jóvenes indica que “en unas encuestas hechas con los y las mayorcitas del Distrito, pidieron salones de reunión para esparcimiento y cultural. Esto sería muy bueno para seguir un contacto imprescindible cara a la eficacia y continuidad”.

Respecto a la situación laboral se lamenta de la “dificultad de colocación en los chicos. Se da emigración. La emigración es mayor en los naturales de Aranda que en los que vienen de fuera”. Pero lo que realmente le parece más preocupante es el alto desempleo femenino: “En esta zona es donde más muchachas jóvenes hay paradas, y además con auténticas ganas de superación. Hay urgencia de unos talleres a estilo de Taller Escuela, pero con especialidades femeninas”. Señala que para los chicos sí que hay en el barrio un Taller-Escuela de Artes y Oficios en dos pisos de la Calle Santiago con 70 alumnos pero que son especialidades netamente masculinas. En el plano religioso destaca la importancia de contar con varios grupos de la HOAC, la JOC y la JIC, y que se ha empezado a utilizar la capilla del convento de las Madres Bernardas como lugar de celebración en el barrio de dos misas dominicales, aparte de la conventual.

 

6) EL MONASTERIO DE LAS MADRES BERNARDAS

Si bien se ha adquirido, con mucho esfuerzo, el solar para la nueva parroquia, ahora hay que recaudar más dinero para su construcción. Mientras se construye el primer templo provisional se llega a un acuerdo con las Madres Bernardas para poder utilizar su capilla como primera iglesia parroquial.

El Abad General del Císter, Sighardo Kleiner, autoriza el uso, de acuerdo con la Abadesa del Monasterio de Aranda, la Madre María Providencia Casas Hons. Este uso se realizaba porque se trataba de algo absolutamente provisional y que no iba a interferir en la vida habitual de la comunidad. La iglesia de las Madres Bernardas era de nueva construcción ya que su altar había sido consagrado el 9 de mayo de 1965. El monasterio de Nuestra Señora del Valle, ubicado en la calle Santiago, daba continuidad a otro que se situaba en la calle Isilla y que había sido erigido en 1584.

Gracias a la generosidad de las Madres Bernardas, a la habitual misa conventual, se añadirán, al principio, otras dos misas dominicales, que finalmente se elevarán a tres. La misa de diario se hará a las 7 de la tarde ya que a las 8 de la mañana se celebra la misa conventual.

Los primeros sacramentos se empiezan a celebrar en la capilla de las Madres Bernardas. Con ello se abren también los libros parroquiales. El primer bautismo se inscribe el 6 de noviembre de 1966, el primer matrimonio, unos días después, el 19 de noviembre. El libro de defunciones se había abierto con la primera inscripción, que fue realizada el 31 de octubre de 1966. Las primeras confirmaciones no llegarían hasta el 1 de mayo de 1968, ya en el primer templo provisional, lo que se conocerá como “La Nave”. Don Felipe, recordaba el momento de dejar de prestar la labor parroquial en las Bernardas y lo hacía con estas palabras de gratitud: “Contentos estuvimos en la capilla de las Madres Bernardas. Ellas nos atendieron con todo cariño y primor, por ello se merecieron nuestro más sincero agradecimiento y nuestra oración a Dios pidiéndole que las pagase como nosotros no podíamos hacerlo”.

Aunque la iglesia de las bernardas únicamente sirvió de templo parroquial año y medio, la vinculación entre la parroquia y el monasterio de las Madres Bernardas no terminó. Los horarios de misas estaban coordinados, eran los sacerdotes de la parroquia los que atendían a la comunidad cistercienses y algunas celebraciones, como la misa de Nochebuena, tenían carácter parroquial pese a celebrarse en la capilla conventual. Esta relación tuvo continuidad hasta que en el año 2001 las últimas monjas se trasladan al monasterio riojano de Santo Domingo de Calzada.

 

7) LA NAVE DE JUAN ARECHA

La capilla de las Madres Bernardas era incapaz de albergar grandes celebraciones y había que conseguir que los feligreses se identificaran con la nueva parroquia que estaba naciendo. La parroquia se componía de unas 5.000 personas mientras que la capilla de las Bernardas únicamente podía albergar a unas 80.

Dado que la vida parroquial va poniéndose en marcha, uno de los feligreses de la parroquia ofrece una nave para que se puedan ir haciendo algunas de las primeras reuniones parroquiales, misas del Día de la Parroquia, celebración de primeras comuniones… La generosidad de Juan Arecha posibilitó que arrancase la parroquia en el barrio, no solo por facilitar la existencia de un gran templo, aunque fuera provisional, sino también por propiciar que se fuera creando espíritu de parroquia. El párroco convocaba a todo el barrio mediante la siguiente circular:

“El Señor nos sigue bendiciendo. El día de la Parroquia está encima, es el próximo domingo. Nos agradaba la idea de tener un acto a gran escala, una concentración de la familia parroquial de Santa Catalina. Pues bien: El Señor nos ha proporcionado un local amplio, una nave de 40 por 12 metros, donde podemos reunirnos el próximo domingo a orar juntos en la celebración de una Misa parroquial, donde podemos vernos las caras en bloque y por familias: niños y padres, jóvenes y ancianos… donde podemos hablar de nuestras cosas, con ese calor que da el hogar y esa esperanza que da el amor. Feligreses de Santa Catalina: a todos os espero el próximo domingo, en la Nave de don Juan Arecha, calle Alameda (junto al Distrito Escolar), a las 12 de la mañana. Firmado: Vuestro párroco”.

En algunas de estas misas celebradas en la nave del señor Arecha se llegaron a juntar hasta 2.000 personas. La parroquia, a través de este tipo de actividades, actúa como elemento aglutinador del barrio, a la vez que el barrio está naciendo y que sus vecinos se van adaptando a la nueva situación que viven. La llegada al barrio de Santa Catalina, en poco tiempo, de muchas personas hace que surjan problemas de adaptación, incluso conflictos de convivencia. En este ambiente social de llegada en aluvión de tanta gente de lugares muy diversos, la parroquia es el primer vínculo de acercamiento humano y espiritual, el factor más importante y eficaz de integración en la nueva realidad urbana. A su vez, esta nueva sociedad, tiene unas necesidades que canalizará a través de la parroquia, dado que otras vías de solución se perciben lejanas. La parroquia será una “casa entre las casas”, su situación en el centro del barrio hará que se sienta como algo propio por todo el barrio, contribuyendo a crear identidad de barrio y de comunidad parroquial. De ahí la necesidad que percibía don Felipe de construir un primer templo, aunque fuera provisional, porque era la prueba más visible de que ya se estaba construyendo comunidad parroquial.

 

8) EL PRIMER TEMPLO PARROQUIAL, “LA NAVE”

La primera piedra del templo parroquial inicial se colocó a las 12 el mediodía del 8 de octubre de 1967, cuando se cumplía el primer aniversario de la creación canónica de la parroquia. En nombre del arzobispo, asistió el Vicario General, Buenaventura Díez. Con muchos esfuerzos se logró recaudar la cantidad de 500.000 pesetas que se necesitaba.

El 11 de abril de 1968, Jueves Santo, se bendice e inaugura el primer templo parroquial, que tendrá una capacidad para unas 500 personas. Aprovechando la fecha de Semana Santa, en la Homilía, viendo abarrotado el nuevo templo, se dijo lo siguiente:

“¿Qué es esto? ¿Un sueño, una quijotada, una realidad? ¿el comienzo de una serie de esperanzadas realidades? ¿o un fruto de amor? Piedras unidas, ladrillos conjuntados, cemento y arena fundidos, en una misma masa, cuerpos apiñados, corazones con un mismo anhelo, almas con una misma vida… Dios que quiere quedarse con nosotros como un Vecino más, para brindarnos su Amor, su Mesa, su Cuerpo, su Vida… ¿Por qué todo esto? La liturgia de hoy, Jueves Santo, nos da la respuesta: Amor”.

Muchos de los datos sobre los orígenes de la parroquia nos han llegado gracias a los valiosos testimonios que el primer párroco de Santa Catalina, Felipe Ontoso Molero, recogiera en el libro que publicó en el año 2000 bajo el título “Así nació una parroquia: Santa Catalina de Aranda de Duero (1966-1991). Vivencias de un párroco”.

 

9) LA CASITA

Precisamente en este libro nos narra don Felipe lo que significó una pequeña casa que había donde ahora se ubica la entrada principal de Santa Catalina. Era una casa de carácter rural, de aquellas que había de manera aislada en este paraje ocupado por huertas, corrales de ganado y algunas naves y almacenes de pequeñas empresas relacionadas en su mayoría con el sector agrícola.. La abundancia de pozos y pequeñas acequias hizo que se convirtiera en una de las zonas con mayor abundancia de huertas y en auténtica despensa de Aranda. Nacía un barrio pero todavía quedaban algunas de estas casas que existían con anterioridad y que nos recordaban el pasado rural, tanto de la zona como de muchos de los nuevos vecinos del barrio. Lo que se conoció popularmente como “La Casita” fue el primer edificio al servicio de la nueva parroquia. Estaba en el cruce entre lo que ahora es la calle Pizarro (entonces Camino del Pizarro) y la Avenida de Burgos. Cuando el jueves Santo de 1968 se inaugura el templo provisional de la parroquia de Santa Catalina, lo que se conoció como “La Nave”, se dan los primeros pasos para que el barrio contase con un gran conjunto parroquial acorde con las necesidades de un barrio en constante crecimiento. Don Felipe siempre dio a esta “Casita” un carácter simbólico, como lugar de nacimiento de la comunidad parroquial y auténtico “Cenáculo”. Al igual que en Cenáculo de Jerusalén dio sus primeros pasos la Iglesia, en la Última Cena y en Pentecostés, en esta pequeña casita daba sus primeros pasos una nueva iglesia, hija de los renovadores aires del Concilio Vaticano II y enclavada en un barrio eminentemente obrero. Don Felipe en su libro incluye un breve capítulo titulado “La Casita: primer Cenáculo” y rememoraba así la compra del solar a finales de 1966 con estas palabras:

“En el solar comprado para construir el Complejo parroquial, existía una pequeña vivienda, sencilla, pobre… donde vivían dos vecinos. Al hacer la compra del terreno, se pidió como condición, que la Casita debería quedar sin vecinos, por lo tanto había que darles una solución y así se hizo: a uno de ellos, personas mayores, se les dio vivienda en la calle La Miel, cerca de Santa María, hasta que encontrasen otra solución. Al otro inquilino, un matrimonio más joven, los propietarios del solar se hicieron responsables de darles nueva vivienda. Inmediatamente comenzó la Operación Casita. Se tiraron las tapias del huerto, todo por prestación personal gratuita. Se acondicionó la segunda planta, para despacho parroquial y también para despacho de la secretaria, conocida con el nombre de la misionera. La planta baja, se utilizó para salón y para una sala de reuniones. En el salón, ante la urgente necesidad de recoger a más de 40 niños, que no tenían escuela, se instaló un Parvulario y el Ministerio de Educación dio material escolar y nombró una profesora para el mismo. Toda esta obra se hizo con prestación personal gratuita y con los materiales de saldo que daban las casas de Materiales de Construcción. El mobiliario era prestado”.

 

10) EL NUEVO TEMPLO PARROQUIAL

El hecho de contar con un templo provisional (“La Nave”) y con un edificio para las más diversas labores parroquiales (“La Casita”) no hizo descansar a la nueva comunidad, con don Felipe al frente, para que el barrio contase con ese gran conjunto parroquial que necesitaba el barrio.

Se continúan recabando fondos para construir una nueva iglesia, con más capacidad, algo acorde a un barrio tan populoso. Se ponen en marcha iniciativas de lo más diversas, como la celebración de una multitudinaria verbena en el solar de lo que luego será el templo parroquial. También se elabora un plan para que la parroquia se levante con la máxima colaboración vecinal, para que todos los feligreses se identifiquen con la parroquia y con el nuevo proyecto que está en la línea de los nuevos planteamientos eclesiales del Concilio Vaticano II. La obra la ejecutó “Constructora Arandina S.L.” y la construcción del complejo parroquial, además del templo y anejos, incluía: 60 viviendas económicas, Escuela profesional Femenina, viviendas parroquiales y Guardería Infantil. La iglesia tendrá 1.100 metros cuadrados y tendrá una capacidad para 800 personas sentadas, pudiendo ver el altar desde todos los puntos.

La ordenación del espacio en el interior del templo se orienta hacia el altar como queriendo destacar  la dimensión comunitaria de la Eucaristía. Los bancos se disponen de manera semicircular rodeando el altar. Fiel a las nuevas disposiciones del Vaticano II existe un único altar, no habiendo altares laterales, tal como existían entonces en el resto de iglesias de Aranda. Únicamente existe un segundo altar por la necesidad de contar con una pequeña capilla para las misas de diario. Como algo absolutamente novedoso en las iglesias de Aranda, se ubica la pila bautismal en el propio Presbiterio, para destacar la celebración comunitaria del sacramento del Bautismo.

La capilla de diario cuenta con capacidad para 100 personas, se habilita una casa parroquial como vivienda de los sacerdotes de la parroquia. Dada la amplitud de la misma en ocasiones también han vivido sacerdotes pertenecientes a otras comunidades parroquiales, tanto de Aranda como de municipios limítrofes. El complejo parroquial también cuenta con numerosas salas de reunión que serán utilizadas como espacio para impartir catequesis y para que los numerosos grupos parroquiales puedan realizar sus actividades. La primera iglesia (“La Nave”) se integrará en el nuevo conjunto arquitectónico, siendo el salón de reuniones más amplio.

El proyecto inicial lo había elaborado el arquitecto José Luis Gutiérrez que estaba dirigiendo en ese momento las obras de las viviendas del Grupo Sindical “San Juan Bosco”. Finalmente hay que rechazar este proyecto por ser muy costoso y ser imposible recabar tanto dinero. Con el asesoramiento del aparejador Florentino Benito y del arquitecto municipal, Juan Sendín, se adapta el proyecto inicial para hacerlo viable económicamente. El complejo parroquial tendrá tres entradas: en el cruce de la Avenida de Burgos con la calle Pizarro estará la fachada principal, con una gran cruz, la rueda de Santa Catalina y un simbólico campanil; una segunda entrada por la Avenida de Burgos, que también da acceso a la iglesia, además de a los despachos parroquiales y a los salones de reunión; y una última entrada por la calle Diego Laínez por la que se accede a la vivienda parroquial y a las salas de reunión y aulas para impartir catequesis.

Los distintos elementos de la iglesia son fiel reflejo de cómo don Felipe supo involucrar a toda Aranda en el nuevo proyecto: la imagen de Santa Catalina que hay en el altar es donación de la familia Navarro. La que había inicialmente de la Virgen María la donan los Misioneros Claretianos, es una imagen del Corazón de María que utilizaban para las procesiones y que en su nueva iglesia, inaugurada el 3 de enero de 1975, no tenía cabida. Esta imagen estuvo muchos años junto a la pila bautismal, hasta la remodelación del altar de 2002 en que se puso otra imagen de la Virgen, ésta con el niño Jesús en sus brazos. La antigua imagen del Corazón de María se trasladó al Salón principal. El Cristo y la Virgen de la capilla son cedidas por la parroquia de Santa María. El Sagrario de la capilla se confecciona en los talleres de RENFE. Inicialmente no habrá sagrario el el templo principal. El Via Crucis y los símbolos en chapa de los cuatro evangelistas (el “Tetramorfos”) lo confeccionan los Misioneros Espiritanos de Castrillo de la Vega, la pila bautismal es donada por Villalba de Duero y la de agua bendita por la parroquia de Fuentecén. Las lámparas, atriles y candelabros de forja los elaboran alumnos de la Escuela Profesional dirigidos por Adrián, un feligrés de la parroquia. Bastantes muebles de la sacristía y de los salones parroquiales son donados por las Hermanas de la Misericordia (más conocidas en Aranda como las Francesas). Éstas venderían su gran edificio, ubicado en el Allendeduero, al Ayuntamiento de Aranda de Duero en julio de 1974. En el altar mayor se coloca un gran arado romano para simbolizar el origen agrario de la parroquia y de muchos de los feligreses. En cuanto a la colaboración económica destacarán las 900.000 pesetas que, a título personal, dona el entonces Presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel.

 

11) LA CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA PARROQUIAL

Por fin llegó el esperado día en que se iba a consagrar el nuevo templo parroquial definitivo. Sería el 5 de mayo de 1974 y don Felipe, como párroco, dirige a todos sus feligreses la siguiente carta:

“El día 5 de mayo, domingo, a las 6 de la tarde: bendición del nuevo Templo parroquial. Todo llega. Los pequeños granos de vuestra aportación y de vuestros sacrificios, ya han fructificado en una hermosa realidad. Tenemos un hogar amplio y acogedor. Nos lo bendecirá nuestro Arzobispo. Estemos todos presentes en esa bendición y Misa concelebrada. Oremos juntos al Señor en esta tarde memorable, para que aumente nuestra fe y nos amemos más y mejor. En nombre de toda la parroquia os saludan afectuosamente vuestros sacerdotes”.

El acto sería presidido por el que fuera arzobispo de Burgos entre 1964 y 1983, don Segundo García de Sierra (1908-1998). Don Felipe también recordará este día con estas palabras:

“La Parroquia ya tenía su Templo, su capilla y sus despachos parroquiales. La inauguración fue el 5 de mayo de 1974 por el Señor Arzobispo. 75 sacerdotes concelebrantes. Unos 130 sacerdotes estuvieron presentes. El templo estaba totalmente lleno de fieles. El Señor Arzobispo en la homilía, no supimos si fue por estar nervioso o emocionado, tuvo muchas omisiones en las felicitaciones, algunas de éstas, imprescindibles. Los sacerdotes quisimos tener un encuentro con él, pero no fue posible, ya que su salida fue rápida”.

La prisa con la que se marchó aquel día el arzobispo debió ser el motivo por el que regresó tan solo tres semanas después. Don Felipe nos narra la difícil reunión que se planteó, principalmente por las muchas deudas pendientes por la construcción de la gran iglesia parroquial, donde tanto se había volcado todo el barrio. Lo narra así: “Después de esta fecha, el día 27 del mismo mes, tuvimos la segunda Visita Pastoral del Señor Arzobispo. Todo fue preparado con verdadero interés e ilusión por el Consejo Parroquial. El público llenó el templo y el Señor Arzobispo estuvo sencillo y cercano. El encuentro con el Consejo Parroquial fue muy interesante. Hubo momentos de tensión, pues eran muchos los pasos dados y muchísimas las facturas pendientes y el Consejo pedía y quería soluciones”.

Tras esta tensa visita no llegaría la siguiente hasta ocho años después. Entre medias la parroquia ha cobrado muchísima vida y se ha involucrado plenamente en la vida diaria y en la problemática de un barrio obrero como era Santa Catalina. Pese al tiempo transcurrido, en esta visita de 1982, sale a colación la compleja situación creada por la Huelga de Michelin, entre el 2 de febrero y el 5 de mayo de 1976, en la que se celebran diariamente en la iglesia las multitudinarias asambleas de trabajadores.

Don Felipe siempre recordará este momento como uno de los más complejos del arranque la parroquia de Santa Catalina. La tensión crece y muchos acusan a don Felipe de haber politizado la vida de la parroquia… Pero el párroco tiene muy claro que si importante ha sido construir con ladrillos la parroquia, más importante es construir con personas la comunidad parroquial, de acuerdo con una de sus expresiones favoritas, como “Pueblo de Dios”. Con el tiempo transcurrido Felipe Ontoso rememoraba esta visita episcopal, realizada seis años después de la Huelga, con estas palabras: “La tercera visita pastoral fue el 30 de abril de 1982. Esta visita fue menos viva, más privada. Se tuvo la reunión con el Consejo parroquial y se aclararon, en diálogo sincero, muchos asuntos, uno de ellos fue la huelga de obreros de la factoría Michelin, con sus reuniones, durante tres meses, en nuestra Parroquia”.

 

12) LOS PÁRROCOS DE SANTA CATALINA

Al frente de Santa Catalina ha habido cuatro párrocos. El fundador y primer párroco de Santa Catalina fue Felipe Ontoso Molero (1926-2011), natural de Gumiel de Izán y que, sin duda, también contribuyó a crear identidad y voz propia a un barrio. Anteriormente había estado de sacerdote coadjutor en las parroquias de San Esteban de Gormaz (Soria) y en la de Santa María, en Aranda de Duero. Estuvo al frente de la parroquia entre 1966 y 1992. Posteriormente fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral de Mayores.

Adalberto Abad Medrano fue el segundo párroco de Santa Catalina, entre 1992 y 2003. Ya entonces mostró su especial sensibilidad hacia los enfermos, algo que ha desarrollado en los últimos años como capellán del Hospital de Burgos.

De 2003 a 2013 estuvo de párroco en Santa Catalina León Carrera Torres (1951-2017). Ya había estado entre 1985 y 1989 en esta misma parroquia, siendo un joven sacerdote que venía de ejercer en el cercano pueblo de Fuentelcésped. Después de estar en Aranda en esta primera etapa, tras un año con los Hermanos de San Juan de Dios en Palencia, fue destinado como párroco a Huerta de Rey. En el momento de su fallecimiento estaba destinado en Miranda de Ebro.

Juan Carlos Argüeso Sobaler está de párroco en Santa Catalina desde 2013. Nació en Barrio de Campoo de Suso (Cantabria) en 1969. Antes de llegar a la parroquia de Santa Catalina ha ejercido su labor pastoral en el Valle de Montija, en la parroquia de Fátima de Burgos, en Melgar de Fernamental, y después fue nombrado párroco de Huerta de Rey, Araúzo de Miel, Doña Santos y Quintanarraya.

Junto a estos cuatro párrocos hay que destacar  algunos de los coadjutores (o vicarios parroquiales, en la terminología actual) que han pasado durante estos 50 años. Se ve que la parroquia de Santa Catalina es una buena escuela ya que entre ellos hay un obispo, dos vicarios de la diócesis o el actual decano de la Facultad de Teología del Norte de España y el presidente del cabildo de la catedral de Burgos. Entre 1976 y 1984 estuvo destinado en la parroquia de Santa Catalina el que es, desde 2002, obispo de Huancavélica (Perú), Isidro Barrio Barrio. La gran labor social y pastoral que realiza este obispo misionero, natural de Villafranca Montes de Oca, es la mejor prueba de la gran escuela de la vida que ha sido este barrio y esta parroquia. Entre 1993 y 1997 estuvo destinado en Santa Catalina el actual Vicario General de la diócesis de Burgos, Fernando García Cadiñanos. Máximo Barbero, ribereño de Oquillas, fue Vicario de Pastoral entre 2004 y 2016, estando destinado en la parroquia de Santa Catalina entre 1997 y 2002. El actual Decano de la Facultad de Teología del Norte de España, con sede en Burgos, José Luis Cabria Ortega estuvo asignado a la parroquia de Santa Catalina entre 1989 y 1993. Desde 2016 es presidente del cabildo catedralicio de Burgos, Pablo González Cámara, a quien en 1976, según palabras de don Felipe “le tocó vivir los momentos tensos de las huelgas de la Michelin. Supo escuchar y supo situarse. Como siempre en estas ocasiones y momentos difíciles, aparte del sufrimiento, llegan las pruebas”. Han sido muchos más los coadjutores que han pasado por la parroquia pero sí que cabe destacar el ejemplo de Carmelo Gil Bueno, natural de la localidad ribereña de Zazuar, y que lleva en la parroquia desde 1970, tras haber ejercido su labor pastoral en Zuzones. Desde la humildad que le caracteriza, su gran cultura y hacer honor a su segundo apellido, es quien simboliza mejor esa continuidad de una parroquia que nació en un barrio obrero al calor de los aires conciliares y que sigue siendo fundamental para su futuro.

Máximo López Vilaboa

Escudo del obispo Acosta con la rueda de Santa Catalina

Portada de las constituciones de la cofradía de Santa Catalina de 1673

Retablo de las Calderonas de San Juan (S.XV)

Santa Catalina en la fachada de Santa María

Santa Catalina en el retablo de Santa Ana de Sinovas (1503)

Santa Catalina en el artesonado mudéjar de Sinovas (S.XV)

Santa Catalina procedente del Sacti Spiritus (S. XVI)

Calle Ponce de León en 1960

Planos de la cooperativa José María Redondo (1953)

Fachada del monasterio de las Bernardas

Interior de la iglesia de las Madres Bernardas

Interior de la nave de Juan Arecha durante una celebración

Primera piedra de la parroquia en 1967

La nave el Jueves Santo de 1968

Portada del libro de Don Felipe de 2000

La casita y la nueva parroquia en 1972

 Los sacerdotes de la parroquia visitando las obras de la nueva iglesia (1972)

Consagración de la nueva parroquia en 1974

Asamblea en la parroquia durante la Huelga de Michelin de 1976

 Don Felipe bendiciendo las piscinas de la Calabaza

Don León en la Colonia de la Enebrada (Foto: Pablo Velázquez)

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