Parroquia Santa Catalina

Aranda de Duero

Diócesis de Burgos

D. Carmelo Gil Bueno (Su historia) 

 

 

  Nací en Zazuar un 17 de Julio de 1933, en el seno de una familia cristiana y humilde.Era el mayor de cuatro hermanos y mis padres fueron Gregorio y Gregoria (el Goyo y la Goya, como eran conocidos en el pueblo). Y a los que después de Dios, estoy agradecido por lo que me dieron y por su sacrificio por los hijos.

  Mi padre trabajaba en una fábrica resinera que había en el pueblo. Con el jornal que ganaba y con el cultivo de unas viñas, pudo sacar la familia adelante sobre todo en aquellos años de la posguerra.

  Mi vocación tuvo su origen en mis deseos de ser monaguillo. Y lo fui. Me atraían las ceremonias litúrgicas de la parroquia, los cánticos y las misas solemnes. Vivía con interés la Semana Santa, la Navidad y otras fiestas solemnes.

  No puedo olvidar sobre todo, a dos maestros que me enseñaron las primeras letras: D. Teófilo y D. Daniel, excelentes maestros.

  D. Gregorio, el párroco, me dijo un día que si quería ir al seminario. Le dije que sí y él comenzó a enseñarme las primeras nociones de latín.

  Comencé mis estudios para sacerdote en el seminario del Burgo de Osma, el año 1945 y allí continué hasta el 1956 en que tuve que pasar a Burgos, por el cambio de diócesis de la parte sur de nuestra provincia.

En Fátima 2017 con el obispo de CórdobaLa vida en el seminario en aquellos años era dura, de una austeridad espartana. Recuerdo aquellos años con alegría y gratitud. Allí se fue forjando mi vocación. ¿Cómo no recordar a aquellos profesores y formadores? A Dios y a ellos debo mi formación. Ellos me dieron lo que sabían y podían. En aquellos tiempos el seminario era un mundo. Estaba a rebosar. Ahora cuando lo visito me da pena el verlo casi vacío tan solo y desmantelado por algunas de sus dependencias.

  El último curso lo hice en Burgos en el viejo seminario de San Jerónimo, hoy facultad de Teología. Allí me sentí también muy contento con un ambiente quizá más abierto.

  Las órdenes sagradas las recibí en el Burgo de Osma y en Burgos. Don Saturnino Rubio Montiel me ordenó de órdenes menores (hoy ministerios) y subdiaconado. Don Luciano Pérez Platero me ordenó de diácono y presbítero.

  Mi primer nombramiento fue de ecónomo de Zuzones y Guma. Allí pasé trece años que recuerdo con cierta nostalgia. Casi me atrevo a decir que fueron los años más felices de mi vida sacerdotal. En aquellos años Zuzones era una parroquia con dos escuelas de niños, había juventud, había campo para el trabajo pastoral. Además estaba arropado por los buenos padres agustinos de La Vid, de los que tengo felices recuerdos.

  Guma era un pueblo de I.N. de Colonización. Un pueblo recién estrenado. Cuarenta casas con familias numerosas. En total unos doscientos habitantes. Vinieron de distintas partes de España, principalmente de los pueblos cercanos a los pantanos de Entrepeñas y Buendía. También guardo grato recuerdo de esta parroquia.

  El año 1970 por el mes de Septiembre, recibí el nombramiento de vicario de la parroquia de Santa Catalina de Aranda de Duero. Lo recibí con sorpresa y preocupación. Era una parroquia recién estrenada y en proceso de organización.

¿Estaría yo preparado y capacitado para meterme en aquellos berenjenales? Digo con sinceridad que en aquellos momentos hubiera preferido que me hubiesen mandado a cualquier pueblecito de la diócesis.

  Tuve que retrasar varios días mi traslado a Aranda porque en aquellos días se estaban realizando unas misiones en toda la Ribera, también en mis parroquias y esperé a que terminaran.

  ¿Qué encontré al llegar a Aranda? Un barrio que se estaba formando; una parroquia que estaba dando los primeros pasos; una nave sencilla pero decente que servía de templo y una vieja casita que nos servía para despacho parroquial y salas, aunque pequeñas, para catequesis y reuniones. Pero sobre todo encontré a gente volcada y entusiasmada en colaborar en la construcción y organización de la parroquia.

  Había en el barrio mucho campo abierto, sin edificar. La misma avenida de Burgos estaba sin asfaltar, con polvo en verano y barro en invierno. Al llegar a Aranda, me instalé en un piso bajo de los bloques, hasta que entre mi hermano y yo pudimos pagar una entrada para el piso donde actualmente sigo viviendo.

  Comencé trabajando pastoralmente como encargado de la catequesis y de los bautizos. Todos los días visitaba el colegio Virgen de las Viñas incluso alguna vez también a la academia I.C.D. instalada por aquellos años en pisos de la calle Sol de las Moreras.

  El barrio crecía de día en día. No olvidemos que entonces empezaba a ponerse en marcha la Michelin. Era un barrio joven.

 Con D. Adalberto Al poco tiempo de llegar yo, se empezó a construir la nueva parroquia juntamente con los pisos que la rodean.

  El nuevo templo fue bendecido e inaugurado por D. Segundo García, arzobispo entonces de Burgos. La nave o templo anterior, se convirtió en salones parroquiales. Por cierto, quiero manifestar el entusiasmo de los jóvenes que trabajaron para condicionar los salones, con el apoyo de D. Eugenio Romera alcalde de Aranda.

  El Sr. Arzobispo me encargó dar clase en el instituto de Formación Profesional de Santa Catalina. Allí continué durante veinticinco años hasta que me jubilé en el año 1998. Fueron años de trabajo en la docencia y en el servicio a la parroquia. Guardo buenos recuerdos de los compañeros profesores y también de los alumnos en general, aunque no faltó alguno problemático que me hizo que pasara algún mal rato.

  Durante mi vida en esta parroquia he convivido con varios sacerdotes: unos como párrocos y otros como vicarios. Con todos me he llevado bien aunque a veces  teníamos cada uno puntos de vista distintos. Pero siempre prevaleció el buen trato y entendimiento como hermanos en el sacerdocio.

  Ya estoy jubilado y doy gracias a Dios por haberme permitido llegar hasta aquí. He gastado casi toda mi vida como sacerdote en esta parroquia y aquí continuaré aportando mi granito de arena mientras Dios me de facultades para ello.

 

HOMENAJE Y DESPEDIDA A DON CARMELO POR SUS 49 AÑOS AL SERVICIO DE LA PARROQUIA SANTA CATALINA

El domingo 27 de octubre de 2019 tuvo lugar el homenaje despedida a don Carmelo por sus 49 años en la parroquia de Santa Catalina. Un evento lleno de emoción.

 

A las 12:30 de la mañana tuvo lugar una misa solemne, la iglesia a rebosar y el coro que ha dirigido tantos años el hicieron las delicias del evento.

 

En la homilía Don Carmelo emocionado pero con mucha vitalidad nos recalcó que lo importante no son las piedras del edificio, sino las personas que durante toda su estancia desde distintos ámbitos y experiencias vividas a conocido y que  a todos les llevará en el corazón y les da profundas gracias porque han conseguido crear una comunidad viva.

Nos animó a no perder la ilusión y las ganas por seguir haciendo posible que siga siendo una parroquia llena de vida. Pidió perdón por las veces que no haya podido estar a la altura de las circunstancias, o por si alguna persona se hubiese sentido molesta por su trato, y dio gracias a Dios y a todos por esta experiencia tan maravillosa de su vida en esta parroquia.

 

Después de una misa cargada de recuerdos en la que las lecturas las leyeron los padres, las peticiones los niños y las ofrendas su familia, finalmente la acción de gracias la hizo don Juan Carlos en nombre de toda la parroquia, recordando sus comienzos, desgranando brevemente su vida para terminar agradeciendo de todo corazón su labor encomiable en los diversos grupos en los que ha ido participando. Y que nunca su tarea será lo suficientemente agradecida, pero por su vocación se sabe que es una vida de servicio y entrega.

Terminó diciendo que esta parroquia siempre le recordará. Prueba de ello es el sello que ha dejado con el himno a Santa Catalina.

 

Después de la misa tuvo lugar una proyección en PowerPoint de una recopilación de fotos en los diversos momentos que don Carmelo ha vivido en la parroquia (una labor hecha por Jesús).

 

Posteriormente don Carmelo espero el abrazo de cada uno de aquellos que quisieron despedirse personalmente dándole un abrazo desde el centro de la iglesia.

 

A las 14:00 horas nos acercamos el patio de la parroquia donde un aperitivo amplio y variado para todo el mundo resultó un momento de encuentro maravilloso.

Desde allí entramos en el salón parroquial para compartir con don Carmelo y su familia una comida, que preparó el mesón ¨Los Arcos¨ con una paella cuantiosa y variada. 150 personas acompañamos en la comida a don Carmelo.

Se terminó dándole unos regalos los grupos de formación de adultos, el coro parroquial que tantos años se ha dirigido, y el consejo parroquial en nombre de toda la parroquia.

 

 Resultó una velada maravillosa y en un ambiente fraterno y cordial, damos las gracias a don Carmelo por toda su labor humana, social, sacerdotal y familiar que ha tenido con todos y cada uno de los que vivimos en este barrio.

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