Parroquia Santa Catalina

Aranda de Duero

Diócesis de Burgos

ARTÍCULOS DIVERSOS

HEMOS VENIDO A ADORARLE

 

El aprecio que me tienen los Reyes Magos por relevarles en algunos de los eventos a los que sus muchas obligaciones les impide acudir, me ha permitido conocer el saludo que tienen previsto emitir el día 6 de enero en la parroquia de Santa Catalina, y os lo ofrezco como primicia para que meditéis en el espíritu de búsqueda que caracterizó a los tres magos de oriente, y que comienza así.

Queridos niños, queridos jóvenes, queridos mayores:

 

Hoy es el día de los santos Reyes Magos. Nuestro día. Pero también es el día de regalar cositas a los niños y a los mayores, en recuerdo de los presentes que nosotros, los santos Reyes Magos, hicimos al niño Jesús en la primera Navidad de la historia. Pero sobre todo es una fiesta solemne, porque Jesús, nacido en Belén, se presenta como Dios y Rey a todo el mundo, simbolizado en nuestras reales personas, pues representamos a todas las razas y culturas de la tierra. Es la fiesta de la epifanía, una palabra griega que significa manifestarse o darse a conocer.

 

Pero ¿qué hacemos nosotros tres aquí hoy? Os preguntaréis. Porque ya  hemos repartido los regalos y algún saquito de carbón para que en este año que comienza seáis mejores, y a estas horas deberíamos estar descansando. ¿No es así? Pues sabed que nos falta lo más importante. Nuestra misión es adorar al Niño Dios y por eso estamos aquí. Hemos venido a adorarle.

 

Hoy Jesús está presente en el sagrario y se hará presente en el altar, cuando el pan y vino de las ofrendas se transustancien en su carne y su sangre. Cuando se transformen en el cuerpo resucitado de Jesús. Suena fuerte ¿verdad? Sólo hace falta un poco de fe para sentirlo. Pero os voy a decir una cosa: Vosotros lo tenéis más fácil hoy aquí, que nosotros en Belén. Hoy podéis estudiar, o consultar en internet los muchos milagros eucarísticos aprobados por la iglesia, que confirman ese misterioso cambio de sustancia sin variar las apariencias, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de Jesús en la última cena: “Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre”.

 

Nosotros cuando llegamos a Belén en la primera Navidad, nos encontramos a un niñito muy guapote, dormido en el pesebre de una cuadra, entre un buey y una mula, con olor a basura en el ambiente, y unos padres jovencitos y muy majos, pero más pobres que las ratas. Veníamos buscando a un rey, el príncipe de la paz, destinado a gobernar al mundo con justicia y verdad. Eso decían los antiguos libros sagrados, y además en el firmamento apareció una estrella que lo anunciaba, pero en apariencia no se veía realeza por ninguna parte. Más bien todo lo contrario.

 

Salimos de sitios distintos, de tierras lejanas, y buscando la posición de la nueva estrella que brillaba en la noche, llegamos al país de los judíos y nos dirigimos a su capital Jerusalén, donde estaba la corte real. Preguntamos por el rey recién nacido, pero allí no había nacido ningún príncipe o infante y nos mandaron a Belén, porque allí debería nacer el rey de los judíos. La cosa no pintaba nada bien y creíamos que nos tomaban el pelo, porque los reyes no viven en las aldeas. Pero vimos la estrella brillar sobre aquel pueblecito y allí fuimos. ¿Y sabéis qué? Pues contra toda lógica hincamos la rodilla en la basura humeante de la cuadra, humillamos la cabeza y adoramos a aquel niño que era un solete, pero que de rey no tenía nada que le identificara. Su carita y sus ojitos transmitían amor y paz, y el olor a basura que irritaba nuestras reales narices, nos perfumó el alma con más fuerza que el incienso y la mirra; y creímos lo que decían los libros sagrados y los tratados de astrología. Aquel niño era un rey divino.

Sí amigos, le adoramos entonces y hoy también lo vamos a hacer. Cuando don Juan Carlos inicie el rito de la Consagración nos arrodillaremos en el suelo de esta iglesia tan relimpia y perfumada, y adoraremos a Jesús como Señor y Dios nuestro. Porque hemos venido a adorarle con vosotros y a celebrar el sacramento de nuestra fe.

 

Que nadie se quede en pie (Si alguien no puede arrodillarse que se siente para no estorbar la visión a los demás, que junte las manos y diga: Señor mío y Dios mío). Que hoy nadie se quede de pie. Doblemos todas las rodillas e inclinemos la cabeza para adorarle y reconocerle como Señor y Dios nuestro; porque hoy también un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado y se llama: Dios poderoso y Príncipe de la paz, como dice el libro del profeta. (Isaías 9, 6).

 

Disfrutad de los regalos, gozar de las sonrisas y de la ilusión de los niños, y regocijaos con nosotros por tener fe, y por creer en este bendito misterio.

 

Antonio Adeliño Vélez

 

 

DEL HOSPITAL AL CONVENTO POR UNA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

 

La próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) se celebrará desde el día 22 al 27 de enero de 2019 en la ciudad de Panamá. La JMJ es un encuentro internacional de jóvenes de todo el mundo en torno al Papa que organiza cada dos o tres años la Iglesia Católica.

 

La Iglesia suele preparar con esmero estos eventos que convocan a miles de jóvenes porque son un semillero importante de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada, y al matrimonio cristiano. Y como muestra se trascribe el testimonio de la joven Marta García-Fog, en religión Hermana Getsemaní, del Instituto religioso Iesu Communio, publicado en el diario La Razón con motivo del aniversario de la JMJ del año 2011 celebrada en Madrid, donde relata su llamada a la vida contemplativa después de acudir en el año 2008, a la JMJ de Sídney (Australia).

 

Introducción

 

Quizás nos parezca raro que a estas alturas de la historia, puedan existir conventos y monasterios de de frailes y monjas contemplativas, cuyos moradores se dediquen día y noche a la oración continuada por el mundo en general y donde singularmente se recoge el lamento, el dolor, y la esperanza de quienes se confían a su intercesión. Es más, alguien podrá pensar que esas cosas, eran propias de la edad media y que en los tiempos modernos, no es acertado, ni adecuado, ni oportuno.

 

De ahí que se hagan necesarias unas reflexiones a modo de introducción para que se comprenda mejor el testimonio de esta monja, pues pudiera entenderse su relato como una revelación mística, y no como la culminación de un proceso vocacional larvado, que irrumpe con fuerza en la JMJ de Sídney.

 

Afirma el refranero que: “Donde no hay mata no hay patata” que quiere decir que las cosas no suceden por casualidad, ni responden a un arrebato emocional; de tal modo que si los acontecimientos han sucedido de una determinada manera, es porque hay detrás un sustrato labrado que ha propiciado que germine la semilla, emerja la planta, y dé el fruto esperado.

Por tanto, que una chica joven, bien parecida, con carrera y trabajo de enfermera, se plantee renunciar a un futuro prometedor en la sociedad civil, y decida optar por la vida religiosa en una comunidad contemplativa, cuya misión es rezar para que ningún alma se pierda; no sucede por casualidad, ni responde a un arrebato de locura momentáneo, sino que corresponde a una decisión meditada y sopesada durante mucho tiempo.

 

Aún así, el lector puede desconcertarse cuando vea escrito que la joven Marta, acude sin fe a la JMJ de Sídney y vuelve con una invitación a seguir a Jesucristo; porque las clarividencias no suceden de repente y son más bien, la salida de una larga noche oscura del alma o la culminación de una penosa travesía del desierto. Así pues, ha de entenderse que nuestra interlocutora, se embarcó en una aventura de búsqueda, cargada de muchas dudas, y que encontró en aquel viaje, la respuesta a sus inquietudes existenciales y a los deseos de su corazón.

 

Indudablemente, el crecimiento en una familia cristiana que acude a la misa dominical y apunta a sus hijos a la catequesis para recibir los sacramentos de comunión y confirmación, o la educación católica recibida en el colegio Sagrada Familia regentado por religiosos; fueron determinantes para su posterior integración en un grupo parroquial de jóvenes que preparan el encuentro con el Papa, celebrando la fe en su parroquia. Porque si no se conoce a Jesús y no se cree en Él, no se puede experimentar su presencia, y menos aún, producirse una entrega generosa para seguirle en algún modo de apostolado (carisma) aprobado por la Iglesia.

 

Marta intuyó la llamada en Sídney, y como su homónima del Evangelio (Lucas 10, 38-42) estaba dispuesta a servir a Jesús en las misiones. Su preparación académica era la más idónea para unirse a las Misioneras de la Caridad, pero antes de abandonar Australia, un aldabonazo sacudió su corazón. Ante la trágica muerte de un suicida, una frase resuena en su cabeza: A donde tú quieres llegar no llega la enfermería, si no la oración. Descubre entonces que los planes de Dios son otros. Marta debe variar su misión y debe colocarse junto a María de Betania para servir de otro modo a Jesús en el hermano. Tanto es así, que incluso cambia su nombre y pasa a llamarse Getsemaní, para velar y orar con el fin de que nadie se pierda.

 

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

 

 

 

 

Getsemani en La Aguilera con antiguos alumnos del colegio Sagrada Familia

Con Benedicto XVI y religiosas de otras Congrergaciones

En El Escorial con Benedicto XVI

Rezando en La Aguilera con familia antiguos alumnos Sagrada Familia

Testimonio

 

 ¿Qué hacía una chica como yo en la JMJ?

 

Fui a la JMJ de Sídney 2008 sin fe y volví con una invitación del Señor: “Véndelo todo y sígueme”. ¿Qué hacía una chica como yo en la JMJ? Solo unos meses antes había conocido la Iglesia, el único lugar donde se me dijo: “No te conformes, existe lo que buscas, ¿por qué no lo intentas?”

 

Aunque deseaba un amor limpio, verdadero y puro, trataba de conformarme con un placer sucio, momentáneo y barato. Me empeñaba en alcanzar la felicidad por un camino que solo me proporcionaba una diversión fugaz. Y la libertad… ¿acaso se podía ser libre en una sociedad que me dictaba cómo vestirme, dónde comprar, a qué lugares ir y qué debía consumir? ¿Quizás fuese solo un sueño de niña? Sueños muy grandes para una realidad tan pequeña. Siempre, al final, me veía frente al vacío, el sinsentido, y la frustración. ¿Por qué? ¿No tenía todo lo que podía desear: dinero, novio, la satisfacción de un trabajo como el de enfermera que tanto me gustaba, una familia preciosa…? Sin embargo me faltaban las ganas de vivir.

 

Algo cambió en aquel encuentro de la JMJ. Yo, una joven española, en la otra punta del mundo encontré lo que hacía tiempo buscaba: jóvenes cristianos que se divertían sanamente, miradas limpias de chicos, una amistad que no pretendía poseerte, jóvenes que “pasaban” de las etiquetas con las que algunos pretendían desacreditarlos, jóvenes convencidos de que solo Cristo daba respuestas verdaderas a la vida. E inmediatamente se me presentó un fantasma: ¿No será una experiencia pasajera, fugaz, sin duda más agradable y bella que otras, pero que se desvanecerá cuando concluyan estos días de encuentro?

 

No sé cómo ocurrió, pero fui a la capilla y creí. Me arrodillé y pregunté: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. Una hora después tenía la respuesta en mi mano. Una misionera de la caridad me regaló un papel con una frase que decía: “Sé solamente de Jesús a través de María”. Una pregunta me asaltó: ¿Yo, en la vida religiosa? Mil dudas inundaron mi cabeza, pero en mi corazón ya reposaba la certeza de que Él era a quien yo estaba buscando, solo Él daba respuesta a mis interrogantes más hondos. Me dije: “Sí, Señor, te entrego mi vida pero en las misiones”. Sin embargo, con Dios, como decía la Madre Teresa, no hay ‘peros’ que valgan. Desde luego mis caminos no eran los suyos: yo pensaba ser del Señor sin dejar la enfermería, pero Él me mostró que mi misión era otra… aunque más tarde descubrí que su designio para mí resultó ser lo que más deseaba.

 

Un día antes de salir de Australia, frente a nuestro hotel un hombre se tiró desde lo alto de un edificio, y una reflexión espontánea se apoderó de mi corazón: “A donde tú quieres llegar no llega la enfermería, sino la oración”. Yo, que trabajaba en oncología infantil, había experimentado de cerca que para encontrar el sentido de la enfermedad, del dolor, del sufrimiento, de la muerte no existe ninguna medicación. Conocí mujeres que sufrían angustiadas ante una gripe de sus hijos y también madres creyentes que afrontaban en oración, con fortaleza y ánimo el cáncer de sus bebés… A mí misma ¿no me salvó la oración? Dije: “Señor, de verdad, haz con mi vida lo que quieras”.

 

Tres meses después ingresé en el Instituto Iesu Communio, recientemente aprobado por el Santo Padre (*). En esta última Jornada de la Juventud, celebrada en Madrid, se me concedió el regalo de saludar como religiosa al Santo Padre, y echarme a sus pies en representación de mi comunidad, Iesu Communio, que quiere permanecer siempre postrada, fiel y obediente a la Madre Iglesia. Una mirada, un saludo, un gesto del Santo Padre puede cambiar la vida entera. Hoy puedo decir, como el joven rico, que a mí Cristo en su Iglesia me ha mirado con amor.

 

Llena de alegría en este camino de seguimiento a Jesucristo, quisiera concluir agradeciendo al Santo Padre su testimonio y enseñanza: “Cristo no quita nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande”.

Gracias, Jesucristo; gracias, Madre Iglesia

 

Hna. Getsemaní

 

 

 

 

(*) - Fecha de la JMJ de Sídney (Australia): del 15 al 20 de julio de 2008.

    - Fecha de aprobación Iesu Communio por la Santa Sede: 8 de diciembre de 2010. Anteriormente fueron Hermanas Clarisas en Lerma (Burgos) pero la variación del carisma para la acogida de peregrinos en aquella comunidad, aconsejaron la fundación de una Institución religiosa nueva.

EL REGALO DE PASCUA

 

Seguramente cualquier tiempo pasado fue mejor, porque hubo una época en que lo material tenía otro valor, quizás porque las carencias eran muchas y los sentimientos adquirían una dimensión desconocida para los tiempos actuales. Entremos en el mundo de las emociones de la mano de un relato que comienza así:

 

Estaban los dos ancianos en su casita del callejón. Caía la tarde con sus horas perezosas del mes de diciembre. Permanecían sentados alrededor de la lumbre del fogón. Él, de vez en cuando, removía los troncos con el atizador, y una multitud de chispas saltaban de la pequeña hoguera y quedaban atrapadas por la gruesa capa de hollín depositado en la campana de la chimenea.

 

Permanecían así, quietecitos, el uno frente al otro, separados por el embrujo de las llamas caprichosas y juguetonas. Pasaban las horas así, parados, mirándose pero sin verse; más bien se imaginaban. Las llamas trazaban dibujos de fuego, y ellos alargaban las manos para atrapar el calor de las brasas. El ruido de la lumbre y el silencio del humo, eran los únicos convidados que rompían la quietud de su humilde morada.

 

Un calendario de una casa comercial, ponía una nota de color en aquella estancia. De la pared, colgaba una de las mujeres morenas, surgidas de los pinceles de Julio Romero de Torres. Miraba él hacia el cuadro y contemplaba la hermosa cara agarena del retrato. Miraba ella y veía las manos delicadas de la muchacha, frescas y llenas de vida. Miraba él, al calendario y recorría las fechas. El 24 estaba muy próximo, la Nochebuena estaba al caer.

 

Contemplaba a su esposa. La quería y la apreciaba tanto, que más de una lágrima se hacía la valiente por no asomarse y deslizarse por la ventanilla de sus ojos. Es mi esposa y la quiero. ¿Cómo podría expresárselo?, se preguntaba una y otra vez, meditando muy dentro. Tengo que hacerle un regalo singular. Sí, sí; no puede ser como antaño, cuando éramos novios y jóvenes: El mantón, el anillo, el pañuelo, los pendientes, el perfume…

 

De vez en cuando, ella se acariciaba el cabello con las manos. Las ideas se agolpaban en su cabeza. Allí frente a ella, estaba su marido; su gran amor. Por el rabillo del ojo le observaba cuando giraba, una y otra vez, sus ojos hacia el calendario. ¿Qué estaría mirando? ¿La moza pintada al óleo o la fecha en colorado?  La Navidad se acercaba, ahí estaba el 25 pintado en rojo amapola. Sí, le quería, y su amor había aumentado con el paso lento de los años. Hacía tiempo que no le sorprendía con un regalo. En la Pascua le podía desconcertar con un obsequio que él apreciase de verdad.

 

La penumbra envolvía todo. La llama del candil era testimonial y la luz de la lumbre iluminaba algo más la sala. No necesitaban claridad, sobraba casi todo, salvo el calor amigo y acogedor del hogar. Y es que los ancianos seguían meditando, pensando el uno en el otro.

 

Hacía ya varios días que sin saber por qué, él no bebía vino en las comidas. Ella lo sabía, pero dudó en preguntar, y prefirió no hacerlo. Era mejor callar que herir la sensibilidad de un ser querido. Tampoco iba a la bodega para traer su jarro diario de vino. ¿A ver si a este hombre le pasa algo? Se preguntaba. Pero no podía estar mal, no había síntomas de enfermedad. ¿Se le habrá acabado el vino? No, no podía ser. Eso no era. Y en el silencio llegó la respuesta. Una mirada al vasar le dio la clave, allí había algo raro, era algo que no estaba. ¡Oh Dios!, falta el porrón. El porrón no estaba en el vasar. ¡Santo Dios!, su marido no tenía porrón. Por eso no bebía vino en las comidas y por eso no acudía diariamente a la bodega con su jarro.

 

Él siempre decía que el beber a porrón, era beber de ley. Disfrutaba saboreando la caída de chorrito que producía cosquillas al paladar y refrescaba la boca. Eso de beber en vaso es otra cosa, demasiado líquido malgastado; tanto vino para saborear que la boca se queda como borracha, y ni se apreciaba el gusto, ni refrescaba como era debido. Se bebe más de golpe y el trago no es tan limpio y oxigenado como el chorrito del porrón. Y terminaba su razonamiento diciendo, que la vida es lo más parecido a un trago largo y lento, de sabor redondo, como el vino en porrón.

 

Nada le dijo a ella, quizás se le fue de las manos, o tropezó sin querer con él, o se le esbaró al echar el vino del jarro. No había dicho nada. A lo mejor estaba avergonzado.  Bueno, se dijo, pues ya está; le compraré sin que lo sepa, un nuevo porrón. Será el regalo de Pascua. Sí, ya lo tengo, le compraré el mejor porrón que haya. Seguro que no se lo espera.

 

Volvió él la mirada a su mujer que parecía que estuviera ausente, aunque alguna vez tosía. Al preguntarla, solía decir que tenía cogida la garganta, de ahí la carraspera para aclararse la voz. El caso es que tenía una voz preciosa, clarita, casi transparente. Él estaba orgulloso. Siempre había sobresalido en el coro de la Iglesia. En las celebraciones solemnes, su voz de solista parecía subir a lo más alto y disfrutaba imaginando que los ángeles enmudecían para escuchar su melodía. Eso pasaba en San Juan, el día grande de la fiesta, cuando sólo quedaba su voz cantando “el Gloria”, o en la ermita de la Virgen, cuando salía “la Salve” a dos voces, y también en las bodegas, donde su voz bordaba las mejores jotas o las coplas más populares.

 

Esa voz tan dulce, tenía que ser cuidada y mimada. Y es que, cuando salía a la calle, con las prisas no se abrigaba y el invierno es traicionero. ¡Eso es!, se dijo; podía valer, sí señor. Le regalaría una bufanda para abrigar el cuello, para proteger su garganta, para cuidar su voz. ¿Cómo lo haría? ¡Ya lo tengo! pensó, compraría unas madejas de lana, color granate. Claro que le gustará. Ella teje y hace punto tan bien como canta. Todos los jerséis, los calcetines y los gorros, habían salido de sus manos. Estaba decidido, su regalo de Pascua sería, unas madejas de lana para una bufanda colorada. Ella se lo merece, su señora era tan buena... Sí, le daría una sorpresa.

 

Llegaba la noche y las llamas seguían alumbrando la acogedora estancia. Permanecían los dos frente a frente, y tan juntitos que podían tocarse. El humo también se hacía presente, y a ratos envolvía el recinto, para después ascender por la chimenea hacia el cielo estrellado. Seguía pensando él, en las madejas color granate que le recordaban la luz del crepúsculo, cuando el sol declina. Pero, apenas disponía de unos pocos ahorros y no podía permitirse tirar el dinero. Lo más importante era el día a día. Pero… ya lo tenía. Sí, vendería el vino de la bodega y con lo que sacase, compraría las madejas al buhonero que viene de La Sierra. Le costaba desprenderse de su vino; pero, para qué lo quería, si no tenía porrón. Para él, beber vino sin porrón, no merecía la pena, por buen vino que este fuera. Además, compraría el mejor regalo para su esposa. Sí, compraría lana de calidad, pura lana virgen del mejor fabricante. Estaría atento a la llegada del carromato con toldo azul del buhonero. Esperaría, sin que ella se enterase, a la entrada del pueblo en la cuesta de Santa María, cerca de la bodega. Allí formalizarían el trato: dos cántaras, una cuartilla y media azumbre, que cabe en el odre de cuero, por las madejas de lana necesaria para tejer una bufanda ancha y larga, con flecos deshilachados en los extremos.

 

Aumentaba el calor en la estancia y disminuía la claridad. La leña ya no crepitaba y se había convertido en rescoldos. Los dos ancianos seguían, quietitos, sin hablar, ensimismados en sus pensamientos, mirándose como a escondidas y alargando de vez en cuando, los brazos para sentir en las manos el calor de las ascuas. No podemos gastar mucho, se decía ella. Los ahorros ni tocarlos. A mitad de semana, vendría el cacharrero de La Ribera. Se acercaría a la puerta de San Juan, con sus agujas de tejer, sin que su marido se enterase. Se quedaría sin sus apreciadas agujas, por conseguir un porrón para su marido. Se las cambiaría al cacharrero. Sí, un trueque. Las agujas a cambio de un porrón. Harto le costaba desprenderse de ellas, pero el regalo era lo más importante.

 

Llegó el día 24. Como es la mejor noche, la llaman "buena" en todo el mundo. Ellos prepararon su cena. Una cena especial, exquisita y sencilla. Avivó él, los troncos de encina por iluminar mejor la cocina. Hoy además del candil, lucían dos velas sobre la mesa. El primer plato se componía de unas sopas de ajo, bien preparadas y servidas en cazuelas de barro, con una tostada y unas lonchitas finas de jamón. Y es que ella, tenía mano, las arreglaba como nadie. Después serviría el pollo asado, un manjar que se reservaba para las grandes ocasiones, y la noche era especial y ellos se lo merecían. Luego venían unas castañas cocidas con anises y una naranja endulzada con un poquito de azúcar. Bebían agua, una pena en esta noche, pero él no tenía porrón.  Al final partieron dos trocitos de turrón, que para ellos estaba demasiado duro; y para terminar alzaron sus vasos, se miraron, y se regalaron los obsequios elegidos.

 

Abrió primero él una caja de cartón y en sus manos apareció un porrón casi transparente. Quitó ella, el papel que envolvía las madejas encarnadas y sus palmas, acariciaban la suavidad de los hilos de pura lana virgen. Sus miradas se encontraron, se sonrieron y se besaron con cariño, mientras aparecía en sus rostros unas sonrisas de complicidad. Ahora él tenía un porrón nuevo, pero carecía de vino para llenarlo; aunque su mujer no sabía nada. Y ella disponía de lana suficiente para hacerse una buena bufanda y protegerse del frío invernal, pero se había desprendido de las agujas con que tejerla; aunque su marido lo ignoraba.

 

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

 

 

 

 

SANTA CATALINA, EL BARRIO DE LOS MURALES

 

Los vecinos de Santa Catalina o los viandantes que se acerquen a este barrio arandino, podrán contemplar un mural nuevo, pintado en la fachada este, del bloque de viviendas número 10 de la calle Santiago, que hace esquina con la avenida de Burgos, frente al cuartel de la Guardia Civil.

 

El mural ha sido encargado por la Concejalía de la Mujer para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebrará el próximo 25 de noviembre. Ese mismo día, se inaugurará oficialmente el nuevo mural con el debido protocolo y la presencia de Autoridades locales, la artista ejecutora y representantes de diversos colectivos sociales y vecinales.

 

La obra ha sido realizada por la artista chilena Fiorella Podestá, ganadora del concurso convocado al efecto, que ha querido plasmar en un mural de colores vivos y de formas naturalistas, a una mujer rebosante de ilusión y de vida, que mira de frente al futuro, llevando en su mente los sueños que le hacen ser visionaria, valiente y segura; pero eso sí, desde su identidad de mujer y su realidad de hija, madre o hermana.

 

Fiorella Podestá, nació en Santiago de Chile. Su talento para el dibujo y la pintura, se manifestó desde muy temprana edad. Estudió en la Universidad Católica de Chile y continuó su formación artística de forma autodidacta. A la edad de 23 años realiza su primera exposición individual y vende todas las obras. Con el dinero obtenido se retira al valle de Elqui, en la cordillera de los Andes, y viaja por toda Sudamérica, visitando los pueblos indígenas, conociendo su cultura, tradiciones y forma de vida. Desde entonces su pintura refleja los colores de la naturaleza primigenia y las formas de las culturas aborígenes.

 

Este mural hace el número cuatro, de los que en este formato decoran las paredes de los edificios del barrio de Santa Catalina. El primero se pintó en la entrada del Colegio Santa Catalina, y los dos siguientes sobre las fachadas de sendos bloques de viviendas en la calle Pizarro. Los tres primeros fueron realizados por el artista arandino, afincado en Valladolid, Fernando Arribas Lázaro (Nano); lo que nos permite admirar estilos diferentes, dentro la misma corriente artística que decora el paisaje urbano. Por lo que aplaudimos esta idea tan estética de embellecer las fachadas frías de los edificios, con colores cálidos y sugerentes que trasmiten alegría y optimismo al viandante.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

 

 

 

 

Halloween o Holywins  - “Jalogüen o Joligüin”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Seguramente el lector ya estará habituado a escuchar la palabra inglesa halloween, y la identifique con un carnaval de disfraces terroríficos y una noche de faroles en forma de calabaza, que tiene lugar a finales de octubre; y sin embargo no le suene de nada otro término inglés: Holywins, que se refiere a la celebración de la vigilia de la solemnidad de Todos los Santos, el día 1 de noviembre. Si es así, vamos a conocer algo más de este tema.

 

Halloween es un término inglés, resultante de la contracción de tres palabras: “All hollow’s eve”, que significa víspera de todos los santos, por lo que evidentemente su origen es cristiano, aunque se haya convertido en una fiesta de disfraces donde los niños, portando calabazas iluminadas a modo de farol, vayan por las casas el día 31 de octubre, gritando: Truco o trato “trick o treat” (obsequio o gamberrada).

 

Hasta aquí y salvo que los atuendos sean irreverentes o impúdicos, nada tiene de particular esta fiesta de disfraces donde se pueden ver brujas maléficas, seres horrendos, muertos vivientes, fantasmas encadenados y esqueletos con guadañas; pero su origen se encuentra en un antiguo festival irlandés, celebrado el 31 de octubre para festejar el fin de las cosechas y el comienzo del nuevo año en la religión celta. Y ese día, los druidas adoraban al señor de la muerte, ofreciendo sacrificios de todo tipo de animales y de seres humanos. También ese día, los espíritus de los muertos regresaban a sus antiguos hogares, y si no se les preparaba un festín en la puerta, entraban y causaban terribles efectos en sus moradores. Esto ya no es una broma inocente o de mal gusto, y menos aún cuando en la actualidad, los adoradores del demonio, inician ese día su calendario satánico con un ritual parecido al de los antiguos druidas, incluidos los sacrificios sangrientos de animales y personas.

 

Con ese origen, aquellos antecedentes y los actuales precedentes; es normal que la Iglesia Católica no apruebe estas celebraciones, pues se basan en supersticiones sobre los muertos y en viejas creencias de personajes de fantasía, como el muerto errante Jack O’Lantern, condenado a vagar por toda la eternidad con un farol, al no poder entrar en el cielo por malo, ni en el infierno por engañar al diablo. Y que para frenar la introducción de esta costumbre anglosajona y evitar su influencia en las conciencias cristianas, recomiende que se reoriente esa fiesta para celebrar la victoria de la vida sobre la muerte y el triunfo de los santos, en un festival que se ha dado en llamar: Holywins (La santidad vence o los santos ganan).

 

Holywins nació en París en el año 2002 y llegó a España en el 2008 a través de la Diócesis de Alcalá de Henares. Desde entonces se ha ido extendiendo por distintas Diócesis, de manera que cada parroquia, o varias juntas si en la población hay más de una, organiza una tarde de fiesta para todos, pero dirigida especialmente a los niños y jóvenes que acuden a las catequesis de primera comunión y confirmación, donde los participantes se disfrazan de santos, se cantan canciones, se juega y se merienda; pero no falta un momento de reflexión sobre el sentido cristiano de la vida y de la muerte.

 

La nueva fiesta gustará más o menos, según la sensibilidad religiosa del lector, pero algo hay que hacer para que ciertas costumbres extrañas no desvirtúen el sentido cristiano del día de Todos los Santos, y se termine convirtiendo en un carnaval irreverente, o peor aún, en la celebración de rituales exotéricos dañinos.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

800 AÑOS DE UNA CATEDRAL Y SUS PROMOTORES

 

El año 2021 la catedral gótica de Burgos celebrará su octavo centenario. Esta grandiosa basílica remplazó como cátedra episcopal al vetusto templo románico que en 1087 se constituyó en la sede de la nueva diócesis de Burgos, reconociéndose como sucesora de la desaparecida diócesis de Oca, cuyos orígenes se remontan al siglo III.

 

 

Un poco de historia

 

Sucedió que tras la invasión islámica de la península ibérica, la ciudad de Oca fundada por los romanos a 35 kilómetros de Burgos dirección este, fue destruida y su sede episcopal se trasladó a Valpuesta, una población más al norte, a 100 kilómetros de la capital y justo en los límites de la actual provincia de Álava. La protección de los montes Obarenes primero y del río Ebro después, hacen de este enclave un lugar ideal para que en el año 804 el obispo Juan, con la ayuda y el patrocinio del rey Alfonso II El Casto, instaurara la segunda diócesis del reino de Asturias después de Oviedo.

 

Más tarde se fueron creando otras sedes episcopales en el Condado de Castilla como Amaya, Muñó, Oña y Sasamón, que en el año 1075 a instancias del rey Alfonso VI fueron agrupadas y sustituidas por la diócesis de Gamonal, población limítrofe a Burgos, mientras en esta ciudad se edificaba la catedral románica. En aquel acto se restauró oficialmente la sede Aucensis (de Oca) en la iglesia de Santa María la Real y Antigua de Gamonal. Y trascurrida algo más de una década, en 1087 se crearía la diócesis de Burgos que asumiría también a Valpuesta, con lo que en 1095, el Papa Urbano II confirmaría a Burgos como sede episcopal sucesora de la originaria diócesis de Oca.

 

 

Un rey conocido como El Santo

 

En el año de gracia de Nuestro Señor de 1201 nace Fernando III El Santo, heredero por una carambola histórica de los antiguos reinos de León y Castilla, que unificó definitivamente en su reinado. El joven infante era hijo del rey Alfonso IX de León y nieto de Alfonso VIII de Castilla, el vencedor de los moros en Las Navas en 1212. Ni en León ni en Castilla, estaba previsto que Fernando heredara el trono, pero la muerte de los príncipes destinados a reinar y la habilidad política de su madre doña Berenguela de Castilla, le llevaron a ceñirse la corona de Castilla en 1217 y la de León en 1230.

 

A decir de las crónicas, el joven rey de Castilla era apuesto, decidido, valiente y temeroso de Dios, pero a sus 18 años le faltaba una compañera acorde a esas virtudes; por lo que doña Berenguela, regente en su día y ahora consejera regia, estimó que su hijo el rey, debía contraer matrimonio para procurar un heredero al próspero reino castellano. A tal fin, convocó al cabildo real en Burgos y propuso como candidata a la infanta Beatriz de Suabia que reunía las cualidades de buena, bella, sabia y modesta. Esta, era hija del fallecido rey alemán Felipe de Suabia y se hallaba bajo la tutela de su tío Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

 

Sin oposición del consejo real y con el emperador a favor del enlace, faltaba emprender el reto de traer la novia a Castilla, porque en aquellos tiempos, culminar con éxito un viaje de ida y vuelta a Alemania era una empresa muy arriesgada por la inseguridad e incomodidad de los caminos y por los recelos que despertaba esta alianza en los reinos vecinos. Pero nuestra audaz Berenguela conocía al personaje adecuado para este cometido, pues se trataba de un hombre resuelto, integro, ecuánime, versado en leyes y conocedor del emperador y del latín, la lengua de comunicación de Europa.  El designado era don Mauricio, el obispo de la sede episcopal burgalesa.

 

 

Un obispo diplomático y resolutivo

 

Don Mauricio consta como obispo burgalés desde 1215, ya que en representación de esta diócesis asistió al IV Concilio de Letrán. Estudió derecho en Paris y gozó de gran prestigio en la Santa Sede como jurista. Hábil diplomático, presidió la embajada para acompañar a Beatriz de Suabia desde Alemania hasta Burgos y asumió el riesgo a sabiendas de que aquella empresa le reportaría muchas ventajas ante el rey, para acometer la construcción de una catedral según el nuevo estilo francés. Se trataba de una obra que le rondaba en la cabeza desde tiempo atrás y para la que necesitaba el apoyo moral, pero sobre todo económico, del soberano castellano.

 

El templo donde el obispo tenía su cátedra era denso, frio y oscuro. En las pesadas bóvedas y en las macizas paredes de piedra de sillería, apenas se abrían unos oscuros y estrechos vanos para dejar pasar la luz. Don Mauricio recordaba con envidia, la visita que hizo en su reciente viaje por Europa, a la catedral de Chartres, donde los amplios ventanales dejaban pasar la luz a chorros. Él necesitaba una catedral luminosa como aquella, así que tras celebrar la boda real con el boato correspondiente en la vieja catedral, comenzó a jugar sus cartas.

 

El reino de Castilla no tenía una capital política reconocida. Burgos, Valladolid, Segovia o Toledo, se convertían en sede de la corte, según la conveniencia o circunstancia política, pero existía un acuerdo tácito entre los cortesanos por considerar a Burgos como cabeza de Castilla, y a tal categoría le correspondía un templo catedralicio acorde al prestigio de esta capitalidad. Este argumento es el que esgrimía don Mauricio ante el rey para justificar su plan y recabar su apoyo. Y para que el cabildo catedralicio le diera su aprobación, argumentaba que Dios nuestro Señor necesitaba un templo luminoso donde su poder creador se manifestara con todo su poder y su fuerza.

 

El obispo burgalés, sabía que pecaba de vanidad al imaginar que vería terminada la nueva catedral. Tenía 35 años y si era voluntad de Dios podría vivir hasta los 60 ó quizás alguno más, pero se le antojaba que con un poco de suerte y si las obras comenzaban de inmediato, podría contemplar la obra terminada antes de morir. Así que sin demora, se puso a la tarea de conseguir los privilegios y donaciones reales, las indulgencias papales, y a la elección del maestro constructor de obras.

 

Tal fue el impulso que tomaron las obras, que la mañana del 21 de julio de 1221 se colocó sobre los cimientos de la seo, el primer sillar con la siguiente inscripción: Fernando rey de Castilla y Mauricio obispo de Burgos, hicieron este templo en el año del Señor de MCCXI. Nueve años más tarde, la cabecera y el crucero de la nueva catedral estaban terminados, y hacia el oeste comenzaba a elevarse la gran nave central que parecía querer engullir a la vieja catedral; así que don Mauricio decidió que había llegado el momento de consagrar la nueva catedral y comenzar el derribo de la vieja. Y así se hizo en 1230, aprovechando la presencia en Burgos del rey Fernando.

 

 

Imágenes labradas en piedra

 

Don Mauricio fallecía en octubre de 1238 y el rey Fernando en mayo de 1252. Ninguno, a pesar de la buena marcha de las obras, pudo ver terminado el proyecto que juntos habían comenzado, pues estas concluyeron en el año 1260, 39 años después de iniciadas. Todo un record para la época, que le permite ostentar el título honorífico de ser la primera catedral iniciada y terminada en estilo gótico en España.

 

Enrique de Rouen, continuador de la obra proyectada por un desconocido primer maestro que el escritor José Luis Corral en su novela “El número de Dios”, identifica como su tío Luis de Rouen; quiso dejar para la posteridad las figuras talladas en piedra de los personajes que promovieron la construcción de la catedral gótica de Burgos, y así, en el parteluz de la puerta sur o puerta del Sarmental, se halla don Mauricio con mitra y báculo episcopal, y en el claustro alto de la seo, podemos ver las imágenes del joven rey Fernando de Castilla ofreciendo el anillo de esponsales a su primera y bella esposa doña Beatriz de Suabia.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

TAMBIÉN POR TI

 

Por tantos, es el lema elegido por la Conferencia Episcopal para concienciar a todos los católicos de la conveniencia de marcar la “x” en la casilla de la declaración de la renta a fin de indicar que nuestra asignación tributaria, la hacemos en favor de la Iglesia Católica.

 

 Todos los que estamos obligados a presentar la declaración de la renta, debemos hacer este gesto. No tiene coste alguno para el contribuyente; por lo que no tenemos que ingresar más, ni nos devolverán menos. Lo que hacemos, es ordenar a los gestores de la hacienda pública que el 0´7% de la base imponible de nuestra declaración de la renta, sea destinado a colaborar en la labor que desarrolla la Iglesia.

 En el año 2007 se eliminaron las aportaciones directas del Estado para la financiación de la Iglesia Católica; por lo que corresponde a todos los creyentes participar en su sostenimiento, mediante la asignación tributaria del 0´7%; entregando donativos puntuales; aumentando la generosidad en las colectas ordinarias, o pagando una cuota parroquial anual.

 

 Como hemos podido leer en los folletos informativos de las campañas de concienciación; la labor social que la Iglesia Católica desarrolla con nuestras aportaciones, es ingente. Está presente en múltiples campos y actividades, atendiendo a los más desfavorecidos de la sociedad: ancianos sin recursos, enfermos crónicos, niños desamparados, personas sin hogar, inválidos, drogadictos,  etc.

 

 Pero también está a tu lado. También está por ti. Te admitió en su seno cuando recibiste el bautismo y te apuntó en el libro de la Vida. Te administró el pan del cielo cuando recibiste la primera comunión. Te confirmó cuando creciste en la fe y pediste ser tú mismo quien proclamara el credo ante el Sr. Obispo o su Vicario. Fue testigo de tu compromiso matrimonial cuando prometiste fidelidad a tu cónyuge ante la asamblea de fieles. Y mañana, cuando nos digas adiós, abrirá sus puertas para que toda la comunidad te encomiende a la misericordia divina, y seas admitido sin demora en la casa del Padre.

 

 Ese pequeño signo. Esa equis,  es un signo de multiplicación. Tú, como el muchacho del Evangelio, pones poquito: cinco panes y dos peces; pero con ello, el Señor da de comer a cinco mil. Así que no olvides nunca poner la “x” a favor de la Iglesia Católica; hazlo por tantos que lo necesitan. Márcala también por ti.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

¿QUE DÍA CRUCIFICARON A JESUCRISTO?

 

La Semana Santa se celebra, coincidiendo con la primera luna llena de primavera. O para ser más exactos, la pascua cristiana se celebra el primer domingo que sigue a la primera luna llena del equinoccio de primavera (21 de marzo). La celebración del domingo de resurrección se determinó en el primer Concilio de Nicea el año 325, y no es casual ya que Jesús murió un viernes con luna llena durante la pascua judía, que se celebra el día 15 del primer mes del calendario hebreo.

 

 Pero este calendario es luni-solar y tiene variaciones significativas respecto a nuestro calendario solar, con lo cual el quinceavo día del mes de nisán en el calendario judío, varía según los años.  Lo que nos lleva a hacer una comparativa de ambos calendarios y buscar una fecha en que coincidan las siguientes variables: viernes, luna llena y pascua judía. Y los expertos señalan dos fechas: el día 7 de abril del año 30 y el día 3 de abril del año 33.

 

 Si esto es así, ¿Por qué no se acepta alguna de estas fechas? Sencillamente porque en el primer caso, Cristo habría espirado con 36 años, y en el segundo con 39. Algo que choca con la creencia general de que Jesús murió con 33 años. Por lo que, además de la astrología debemos analizar algunos datos históricos y la tradición cristiana para llegar a una conclusión más o menos definitiva.

 

 La tradición cristiana, basada en la Sagrada Escritura, sostiene que el hijo de Dios murió con 33 años y se fundamenta en el Evangelio de San Lucas (3, 23) donde se afirma que Jesús al empezar la vida pública, tenía unos 30 años. Por otra parte el evangelista San Juan, nos dice que el Mesías subió en tres ocasiones a Jerusalén para celebrar la Pascua. De aquí se desprende con cierta lógica que Jesucristo tenía unos 33 años cuando fue crucificado.

 

 Pero los historiadores afirman que no se puede sostener la muerte de Cristo a los 33 años, porque los últimos datos hallados demuestran que el infanticida Herodes “el Grande”, rey de Judea cuando nació Jesús en Belén; murió el año 4 antes de nuestra era. Lo que indica que el monje matemático Dionisio el exiguo (siglo VI), no acertó al determinar el año cero de la era cristiana (anno Domini-año del Señor) y que el niño Dios nació el año 6 ó 5 a de C., pues Herodes mandó matar a los menores de dos años.

 

 Si el dato anterior, le contrastamos con el hecho histórico documentado de que el romano Poncio Pilatos, prefecto de Judea que lavándose las manos condenó a muerte a Jesús; ocupó el cargo desde el año 29 al 37, resulta que Jesús falleció con una edad de entre 34 y 42 años, (29+5=34).

 

 El análisis de todos los datos nos permite afirmar casi con certeza que Jesucristo espiró a las tres de la tarde (hora nona) del día 7 de abril del año 30 de nuestra era, a la edad de 36 años. La fecha del año 33 a la edad de 39 se aleja de la tradición cristiana que cree que el Salvador tenía al fallecer unos 33 años y aunque no tenga valor científico, si es testimonial. Al fin y al cabo, es la comunidad cristiana quien celebra la resurrección del Hijo de Dios, al tercer día de haber sido crucificado, muerto y sepultado.

 

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

COMULGAR POR PASCUA

 

El miércoles de ceniza comenzábamos la cuaresma, que es un tiempo de conversión para cada creyente y un camino de renovación que debemos aprovechar para celebrar convenientemente la Semana Santa y la Pascua. Tres son los elementos penitenciales establecidos por la Iglesia que nos ayudarán en el camino de conversión: Oración, ayuno y limosna.

 

Es el Espíritu Santo quien nos mueve a iniciar esta senda de renovación, pero nosotros hemos de ser dóciles a sus indicaciones escuchando la Palabra y orando con ella, pues allí veremos que Dios no abandona al hombre en su pecado y sale a su encuentro. Él está pendiente del regreso del hijo derrochador y libertino, para continuar la relación paterno filiar interrumpida, pero no destruida, por el pecado; porque aunque una madre pudiera olvidarse del hijo de sus entrañas, Dios no se olvida. (Is. 49,15).

 

Conversión, renovación, reconciliación; son tres conceptos que alcanzan una dimensión trinitaria, pues es el Padre quien nos reconcilia en el Hijo por la acción del Espíritu Santo. Será el sacerdote quien sacramentalmente haga presente a Cristo, que es quien realmente perdona y cura la herida del pecado para que iniciemos una nueva vida, inhabitados por el Espíritu Santo y acogidos por el Padre.

 

El ascenso hacia la cumbre pascual ya ha comenzado, y conviene ir despojándonos del hombre viejo, cuyas actitudes lastran el caminar, para vestirnos con la túnica blanca y ligera de la gracia. El fin último de la cuaresma es llegar a la Pascua en estado de gracia para comulgar y hacernos acreedores de la promesa de salvación de Jesús: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn. 6,54).

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

¿QUIENES FUERON LOS REYES MAGOS?

 

En unos días celebraremos la fiesta de los Reyes Magos. Un día de ensueño, muy nuestra y a la que está quitando protagonismo un Papá Noel el importado, que por designio de Coca-Cola cambió el color del traje verde por el rojo de esa multinacional. Aunque la ilusión de los niños viendo pasar la cabalgata de sus Majestades con el acompañamiento real, no puede ser comparada con la simplicidad de un señor con barba blanca y un gorro con borla. Pero ¿Quien son los Reyes Magos?

 

Los Reyes Magos son unos misteriosos personajes que traen regalos a los niños en la madrugada del día 6 de enero. Buscar en los orígenes de esta tradición popular nos lleva al Evangelio de San Mateo. En el capítulo 2, 1-12, se narra cómo unos Magos, guiados por una estrella luminosa, llegaron a Belén para adorar y ofrecer sus dones al Mesías recién nacido; y burlando al infanticida Herodes, rey de Judea, se volvieron a su tierra por otro camino. Pero San Mateo, no ofrece detalles sobre su origen, ni siquiera afirma que fueran reyes; habla de unos magos de oriente. Existen distintas interpretaciones que dicen que los Reyes Magos podrían haber sido astrólogos, babilonios o sacerdotes persas.

 

Aunque en el Evangelio no se cita el lugar de procedencia, todo apunta a que fueran originarios de Babilonia o de Persia, y lo más probable es que llegaran a Jerusalén dos meses después del nacimiento del niño Jesús.

 

En cuanto a su número, se acepta el de tres, debido a que fueron tres los presentes ofrecidos al Rey de reyes. Sus nombres originales, tampoco los conocemos y son distintos según las lenguas en que se expresen. Los armenios que suponen que fueron doce, les asignan doce nombres. La tradición occidental les conoce como Melchor, Gaspar y Baltasar.

 

El venerable monje benedictino Beda, doctor de la Iglesia, los describe así en su códice: Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar es más joven y rubio; Baltasar es negro. Beda, los consideró representantes de Europa, Asia, y África; con el fin de acentuar la soberanía de Cristo sobre todas las razas y países.

 

Su destino tras la adoración es incierto. San Mateo solo dice que regresaron a su país por otro camino. Una piadosa tradición afirma que fueron discípulos de Santo Tomás. Otros afirman que fueron consagrados obispos y murieron martirizados hacia el año 70. Sus supuestas reliquias, fueron transportadas desde Milán (Italia) a Colonia (Alemania) en el siglo XII, y son veneradas en un relicario bizantino existente en su catedral.

 

En cuanto a la misteriosa estrella que les guió hasta Belén, se han hecho conjeturas sobre una triple conjunción de los planetas Júpiter y Saturno a su paso por Piscis. También se habla de la transición de un cometa. La tradición afirma que esa gran estrella, una vez concluido su providencial cometido, estalló como una flor de luz en diminutos trozos que se esparcieron por la tierra convertidos en preciosos rubíes.

 

En la biblioteca de la universidad de Salamanca se encuentra un curioso códice del siglo XV, titulado Historia de los Reyes Magos, donde se relata su trayectoria durante la adoración y después de la misma. Aunque está plagado de citas del Antiguo Testamento, su historicidad no queda probada y el mejor testimonio es el recogido en el Evangelio de San Mateo.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

Oídos sordos al desánimo

 

Cualquier actividad apostólica, de voluntariado o incluso laboral, la comenzamos con una gran dosis de ilusión.  Con el paso del tiempo y al repetir muchas veces las mismas cosas, o cuando los objetivos no se alcanzan del todo a pesar del esfuerzo empleado; es cuando surge el desánimo o nos acechan las dudas sobre si de verdad vale la pena el derroche de tantas energías. Para disipar esas dudas se propone la moraleja que se desprende de esta fábula, y que comienza así:

 

En un lugar de un bosque frondoso se celebraba una vez, una carrera de sapos. El objetivo consistía en ascender hasta la cima de una roca grande. Además de toda la familia de batracios, una multitud de animales se había congregado a contemplar el espectáculo. La mayoría no creía que los sapos pudieran alcanzar la cumbre y decían sin disimulo: ¡Qué pena!,  la prueba es muy difícil, no lo van a conseguir.

 

La carrera comenzó y al poco tiempo, algunos sapos desistieron del intento. Otros tantos, flaqueaban a mitad de la prueba. Pero había uno que persistía en el esfuerzo con determinación y sin afectarle las voces del gentío que continuaba gritando: ¡Qué pena!, no lo van a conseguir.

 

Cuando ya se divisaba la meta, solo un sapo continuaba en la carrera. Los demás se desanimaron y abandonaron la competición. Y, mientras el intrépido sapo, seguía en su afán de superar los obstáculos; los espectadores aumentaban el vocerío y gritaban con más fuerza: ¡Es imposible! ¡No lo conseguirá!

 

Al final, nuestro sapo se hizo con el triunfo en solitario y los demás participantes quisieron saber, cuál era el secreto para alcanzar el éxito en una prueba tan difícil. Un sapo atlético se acercó al campeón para preguntárselo, y descubrió que... ¡era sordo!

 

Moraleja: “Al desánimo, oídos sordos”. La constancia y la paciencia son las virtudes más importantes para conseguir el éxito.

 

Antonio Adeliño Vélez

 

 

EN LAS CATACUMBAS O EN LAS AZOTEAS

 

No transcurren buenos tiempos para la fe. El laicismo militante, del que hacen gala ciertos gobernantes y algunos medios de comunicación, no solo postula una fe privada y muda; sino que además atacan descaradamente y con desdén, a la Iglesia Católica y a la religión que profesamos más del ochenta por ciento de la población española.

 

Lejos de desanimarnos, la situación no pude ser más favorable para probar nuestras convicciones religiosas. Esta coyuntura, debe de estimularnos para desterrar la dejadez y blandura con que vivimos nuestra fe, y para ahuyentar la indiferencia con que asistimos a los ataques a la religión y a las enseñanzas del magisterio eclesial.

 

Jesucristo nos marcó la pauta a seguir para cuando llegaran estos días: "No los temáis. Lo que yo os digo de noche, decirlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, predicadlo desde las azoteas". (Mt 10, 26-27)

 

Ha llegado el tiempo de mantenernos firmes en nuestras convicciones, sin miedo al vituperio y al aborrecimiento del vecindario. Porque lo que se pretende, no es nuestro aniquilamiento, que les deslegitimaría; sino más bien, nuestra reclusión a las catacumbas de la tibieza, la indiferencia y el silencio, que les envalentona para seguir con el acoso y derribo.

 

La defensa de nuestra fe, nos pide que actuemos sin dilación con los instrumentos que tenemos a nuestro servicio: Exijamos para nuestros hijos, educación religiosa en las escuelas. Contribuyamos con nuestros impuestos al sostenimiento de la Iglesia Católica. Participemos en los actos litúrgicos de nuestra Parroquia con asiduidad y con alegría. Y si en defensa de nuestra identidad religiosa y de nuestra cultura cristiana, tenemos que salir a la calle, ¡salgamos! Nuestro sitio está en las azoteas, no en las catacumbas.

 

 

Antonio Adeliño Vélez

 

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